Milei y sus falsos éxitos económicos, así miente para ocultar la masacre
El relato fantástico del gobierno nacional ya superó todos los relatos de sus antecesores. Cualquiera que viva en la Argentina puede asombrarse o reírse (o llorar) cuando escucha los abruptos insultos proferidos por el presidente, cuando un periodista se anima a mencionar algún dato de la realidad que no condice con su relato maravilloso. Por Luis Lafferriere. Especial para AIM.
Entonces se apura a afirmar que vivimos en los mejores momentos históricos de nuestro país, con una economía que funciona a full y que crece a ritmos inéditos, con un consumo que desborda las góndolas de los supermercados y un público que se amontona en los comercios, con una inflación cero y un ejemplar superávit fiscal, con un crecimiento de más de medio millón de puestos de trabajos, y otros delirios por el estilo.
Esos esfuerzos sobrehumanos por tapar el cielo con las manos, choca de lleno con la cruda realidad, que desangra el cuerpo social, multiplica la miseria, destroza y contamina el ambiente y el territorio, y entrega la riqueza y la soberanía nacional a la voracidad sin límites de los saqueadores. Realidad que es la consecuencia lógica de su Plan Masacre, diseñado por los sectores que detentan el poder y lo aplican a través de una democracia condicionada y sometida a sus mezquinos intereses.
Qué observamos para saber si la economía anda bien
Para poder vivir los seres humanos necesitamos mínimamente satisfacer un conjunto de necesidades. Algunas tan elementales y básicas como beber agua potable, alimentarnos, abrigarnos. Otras que permiten mantener una existencia digna, como la vivienda, el cuidado de la salud, la educación, el esparcimiento. Y todas esas necesidades se satisfacen con bienes y servicios, la gran mayoría de los cuales no están disponibles directamente para utilizarlos, sino que debemos procurarlos a través de tomar de los bienes comunes que nos brinda la naturaleza lo que nos sea útil, transformarlo y adaptarlo a nuestras necesidades.
Esa tarea se realiza con el trabajo humano, que genera los bienes y servicios con la actividad de producción, y que luego lo distribuye entre los miembros de una sociedad o una comunidad con actividades de distribución.
Esas actividades de producción y distribución de todo lo necesario para la vida se realizan socialmente, y es lo que constituye la actividad económica.
Por lo tanto, el fin esencial y principal de la actividad económica, de lo que llamamos la economía de una sociedad, es garantizar la base material que permita que todos sus integrantes puedan vivir dignamente.
Entonces, si queremos analizar si una economía marcha bien y cumple sus funciones adecuadamente, lo primero que tenemos que observar es cómo vive la gente. En otras palabras, si todos pueden acceder a los bienes y servicios necesarios para cubrir ese conjunto de necesidades.
Si no fuera así, si hubiera quienes en una sociedad no alcanzan a satisfacer las necesidades básicas, esa economía no anda bien, no cumple adecuadamente su función principal.
Lamentablemente, este no es el criterio de la denominada macroeconomía convencional, que observa otros indicadores y valora otras cuestiones que no reflejan para nada el bienestar de una comunidad.
Pareciera, para su mirada, que más importante que millones de seres humanos vivan en la pobreza o la indigencia, que millones vean caer sus ingresos y su capacidad de adquirir bienes y servicios esenciales, que cientos de miles pierdan su trabajo y su fuente de ingresos, que millones no tengan vivienda adecuada para habitar, que muchos millones no cubran las necesidades básicas. Más importante que todo eso, para los economistas ‘serios’, es que haya equilibrio presupuestario, balanza comercial favorable, bajo nivel del ‘riesgo país’, aumento del PBI, lleguen inversiones del extranjero o suban las acciones de las empresas que cotizan en bolsa.
Se podrá decir que esos indicadores son necesarios para que la población viva mejor, pero lo que sucede en realidad es que si esas variables van bien, no tienen relación con la realidad que soporta la mayoría de la población. Más bien ocultan las ganancias fabulosas de los saqueadores y de los usureros, que se apropian de gran parte de la riqueza generada en nuestro país, con el trabajo de los argentinos y los recursos valiosos de nuestro territorio.
Pero aun aceptando que esas variables pueden ser una muestra del supuesto éxito de la política económica actual, las cifras oficiales y los estudios de universidades y consultoras privadas, no condicen con el delirio de las maravillas mileistas.
La macroeconomía convencional: el supuesto gran éxito de Milei (o cómo Milei, la mayoría de los economistas convencionales, la casta partidocrática y los ensobrados comunicadores, repiten como loros que los logros macroeconómicos son un hecho innegable).
Es casi unánime la opinión “seria” de los que se autoasumen como especialistas de la economía, cuando hablan de los innegables éxitos de la política nacional en materia de la macroeconomía. Para ellos eso no estaría siquiera en discusión, aunque reconocen que no se ha logrado aún que la mayoría de la población perciba los beneficios de esos logros.
¿Cuáles son los grandes objetivos de la macroeconomía?
Cualquier texto en esa materia indica que los grandes objetivos macro tienen que ver con el crecimiento de la producción, el alto nivel de empleo, la adecuada distribución del ingreso y la estabilidad de los precios.
Si tomamos el primer objetivo, desde ya que estamos lejos de alcanzarlo.
La forma convencional de medir cómo crece una economía es el popular y conocido PBI: Producto Bruto Interno. ¿Qué refleja ese indicador? El valor monetario de la totalidad de los bienes y servicios finales generados por una economía durante un período, que se comercializan en el mercado.
Pero el indicador no muestra qué cosas se han generado, de qué manera se ha realizado, a costa de qué se han producido, qué sectores se han beneficiado, y de qué manera se distribuye el ingreso entre la población. De manera que la cifra total es más lo que oculta que lo que nos muestra.
Observando la economía argentina real, el indicador del PBI muestra para la gestión de Milei un bajísimo crecimiento, que es el resultado de algunas ramas económicas que han tenido un desempeño muy exitoso, y otras que han tenido una caída pronunciada. Pero de ninguna manera evidencia los supuestos niveles récord de aumento productivo, y más bien se ha llegado a una situación recesiva que ni los índices oficiales lo pueden ocultar.
Ganadores y perdedores de la economía de Milei
¿Qué ramas económicas son las que muestran mayor crecimiento? En lo que llevamos de la gestión de Milei, quienes más aumentaron su producción son el agro, la intermediación financiera, la explotación de la minería y la extracción de hidrocarburos.
¿Y cuáles son las que se han visto más perjudicadas? Con una producción en declive, estas ramas incluyen a la industria manufacturera, la construcción, el comercio interno, la administración pública y otros servicios comunitarios.
¿Qué particularidades tienen esos sectores?
Que los ganadores en crecimiento reflejan ramas del extractivismo y de la especulación. Depredan nuestros bienes, contaminan el ambiente, se concentran en actores poderosos que se apropian de la mayor parte de la renta, generan muy poco empleo y contribuyen muy poco a la recaudación tributaria. Y el grueso de esa riqueza se fuga al exterior, tanto en forma material como financiera.
Y que los perdedores, que ni siquiera crecieron sino que disminuyeron su producción, son los que tiene mayor cantidad de empleo, aportan más valor agregado, se diseminan en todo el territorio, son realizados por mayor cantidad de empresas pequeñas y medianas, y los que más tributan a las arcas públicas. En tanto parte mayoritaria de los ingresos permanece en el país y lo consumen internamente.
Un estudio del CentroRA de la Universidad de Buenos Aires (UBA) pone al desnudo esta realidad, pero además destaca que de los diez sectores económicos que tuvieron avances en los últimos tres años, ocho de ellos arrojaron índices negativos en la generación de empleo. Esto significa que aún las ramas que crecen, no aportan demasiado en puestos de trabajo, sino que además los destruyen.
El Agro creció un 40 por ciento en todo el período de Milei, y apenas generó 13 mil puestos de trabajo. En tanto la suba de Intermediación financiera fue del 19 por ciento y la del Sector minero incluyendo la extracción de hidrocarburos fue del 19 por ciento, aunque ambos perdieron empleo registrado: 8600 puestos en las finanzas y 8500 en la minería.
Más grave es la situación de la Industria Manufacturera y del Comercio interno, con caídas acumuladas de la actividad (del 8 por ciento y del 4 por ciento) y del empleo (con 86500 puestos y 27600 puestos menos).
Esta involución explica la caída de 330 mil asalariados registrados en el sector privado, a los que se suman lo que perdieron trabajo formal en el sector público estimados en 150 mil empleos.
Pero si tuviéramos que estimar el valor real del producto generado por los sectores extractivistas (monoproducción transgénicos con uso masivo de agrotóxicos, megaminería a cielo abierto, extracción de hidrocarburos con el fracking), deberíamos restar también los daños enormes y costos ocultos que producen, pero que no asumen sino que los trasladan a la comunidad (considerados como ‘externalidades’). En tal caso, las estimaciones muestran valores negativos en la producción-destrucción de esas ramas exitosas. En resumen: ganancia para las corporaciones, pérdidas para la sociedad.
Cómo pretender mostrar éxitos macroeconómicos con este panorama tan crudo que sacude a toda la sociedad, que además involucra la desaparición masiva de empresas, que desde noviembre del 2023 a mayo de este año, ya sumaban más de 30600 siendo el 99 por ciento de las mismas micros, pequeñas y medianas.
En un PBI que también muestra caídas del Consumo Global y de la Inversión, no se pueden encontrar ningunas señales favorables, que puedan justificar el relato fantasioso del presidente, o que puedan dejar esperanzas de un futuro mejor para la mayoría de los argentinos.
Estos resultados son una clara evidencia de que las políticas aplicadas no procuran lograr el objetivo principal de la economía, de mejorar las condiciones de vida de la población. Tampoco fundamentan el pregonado éxito macroeconómico del discurso oficial.
En todo caso, esos resultados ponen de relieve cuáles son los verdaderos objetivos del Plan Masacre:
Por un lado, beneficios siderales para las grandes corporaciones y el capital usurero especulativo, saqueo material y financiero de nuestras riquezas;
Y por el otro, pobreza generalizada, empleo cada vez más precario, destrucción de la industria, y pérdida de lo que aún nos queda de autonomía y soberanía nacional.
Estamos a tiempo para cambiar de rumbo. Podemos tener una economía que beneficie al conjunto. Tenemos muchos factores que lo harían posible. Pero para eso se requiere un profundo cambio de las políticas gubernamentales, que prioricen una economía para la vida. Y ello se puede lograr sólo con una sociedad despierta, comprometida, organizada y movilizada, que luche para que podamos hacer realidad un futuro mejor para todos.
Luis Lafferriere es Contador Público Nacional (CPN). Promotor de la Cátedra Abierta por un Mundo Nuevo.







