El desempleo crece en CABA y solo trabajo por cuenta propia gana espacio
En las últimas horas se conocieron datos preocupantes sobre el mercado laboral porteño, que encienden alertas también para la realidad entrerriana. Según el Instituto de Estadística y Censos porteño (IDECBA), la cantidad de personas desocupadas en la Ciudad de Buenos Aires ascendió a 136.500, y la presión total sobre el mercado de trabajo alcanzó al 13,5 por ciento de la población económicamente activa (PEA). El dato representa una suba respecto del trimestre previo y también una continuidad de las dificultades para absorber demanda laboral en un contexto donde una porción creciente de la ocupación se explica por modalidades de menor estabilidad o menor cantidad de horas trabajadas.
La tasa de desocupación llegó al 7,9 por ciento de la PEA, frente al 7,3 por ciento del trimestre anterior y apenas por encima del 7,8 por ciento registrado un año atrás. El aumento implicó que alrededor de 10.500 personas adicionales pasaran a integrar el universo de quienes no consiguieron empleo. El propio informe oficial advierte que el desempleo abierto no alcanza para describir el estado del mercado laboral. Según el relevamiento, “el 11,1 por ciento de la población económicamente activa está desocupada o en condición de subocupación demandante; si a este conjunto se agrega al resto de las personas ocupadas que están en búsqueda activa, se observa que el 13,5 por ciento de la PEA presiona en el mercado de trabajo, sea para ingresar o para ampliar sus horas laborables”. Ese indicador incorpora no solo a quienes no tienen trabajo, sino también a quienes, aun teniendo una ocupación, necesitan sumar horas o encontrar otra fuente de ingresos. La presión laboral se vuelve así una medida más amplia del desajuste entre empleo disponible y necesidades económicas, una realidad que resuena con fuerza en las ciudades entrerrianas.
Aumenta la actividad pero no alcanza para absorber la demanda
Los datos del IDECBA muestran además que el aumento de la actividad económica convive con una mayor necesidad de participación laboral. La tasa específica de actividad para mayores de 10 años pasó de 62,5 por ciento a 64,1 por ciento interanual, mientras que la tasa de empleo subió de 57,6 por ciento a 59 por ciento. Ese crecimiento del empleo, sin embargo, no alcanzó para absorber el ingreso adicional de personas al mercado laboral. La consecuencia fue un incremento simultáneo del desempleo y de formas de ocupación más fragmentadas, un fenómeno que también se observa en varias localidades de la provincia.
Crece el trabajo de pocas horas y las “changas”
Uno de los indicadores que permite observar ese fenómeno es el crecimiento del trabajo de menor intensidad horaria. El 30,6 por ciento de la población ocupada trabaja menos de 35 horas semanales, una proporción que aumentó 17,3 por ciento respecto del mismo trimestre del año anterior. Dentro de ese universo creció especialmente el segmento de quienes realizan jornadas inferiores a 16 horas por semana, identificado por el informe como “changas” o “trabajo a tiempo parcial marginal”. Esa modalidad ya representa el 9,7 por ciento de la población ocupada, cuando un año atrás alcanzaba al 8,2 por ciento. En paralelo, descendió el peso relativo de quienes trabajan jornadas extensas: los puestos que superan las 45 horas semanales retrocedieron del 26,4 al 23,9 por ciento, mientras que aquellos entre 35 y 45 horas permanecieron prácticamente sin cambios.
El cuentapropismo gana terreno
La expansión del empleo aparece entonces acompañada por una redistribución de horas y por un crecimiento de ocupaciones que no necesariamente implican una inserción asalariada estable. En ese escenario adquiere relevancia el trabajo por cuenta propia. El informe señala que el 22 por ciento de las personas ocupadas trabaja bajo esta modalidad. Aunque el empleo asalariado continúa siendo predominante —representa el 74,1 por ciento del total—, el cuentapropismo se consolida como uno de los principales canales de absorción laboral. El perfil de ese universo permite observar algunas transformaciones del mercado de trabajo: más de la mitad de los cuentapropistas trabaja menos de 35 horas semanales; el 56,1 por ciento desarrolla tareas de calificación operativa o no calificada y el 73,4 por ciento trabaja sola, sin empleados ni estructura empresarial. También se trata de una categoría donde aumenta el peso relativo de personas mayores: el 14,7 por ciento de quienes trabajan por cuenta propia tiene 65 años o más, una participación que más que duplica la registrada para el total de ocupados.
Registración y formalización: cuentas pendientes
El informe agrega que el 67,3 por ciento de la población cuentapropista está registrada y realiza pagos regulares para ejercer su actividad. Pero la lectura inversa deja otro dato relevante: cerca de un tercio permanece fuera de esquemas regulares de formalización o sostiene una relación inestable con esas obligaciones. La composición sectorial del empleo tampoco muestra cambios estructurales. Los servicios concentran el 74,4 por ciento de los puestos de trabajo de la Ciudad, seguidos por comercio con el 13 por ciento e industria y construcción con el 11,9 por ciento. Si se incorpora hotelería y gastronomía al comercio, ese bloque alcanza el 19,5 por ciento.
Persisten las brechas territoriales
La distribución territorial mantiene además diferencias persistentes. Las zonas Norte y Centro registran mayores tasas de actividad y empleo que la zona Sur. Mientras en el Norte el empleo alcanza al 63,4 por ciento y en el Centro al 59,4 por ciento, en el Sur desciende al 54,8 por ciento. Estas brechas territoriales, similares a las que se registran entre los departamentos de Entre Ríos, reflejan un desafío estructural que trasciende las fronteras de la Capital Federal.







