Archbishop García Cuerva Urges End to Polarization at Tedeum with Milei

Arzobispo García Cuerva pide dejar polarización en Tedeum frente a Milei

(Regional 97.3) En las últimas horas, el presidente Javier Milei participó del Tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral Metropolitana, una ceremonia que estuvo marcada por un fuerte mensaje del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien llamó a buscar acuerdos y apuntó contra “los haters y el terrorismo de las redes”. El mandatario llegó caminando desde la Casa Rosada, escoltado por su círculo más cercano, y tras el acto religioso regresó a la sede presidencial para encabezar una reunión de Gabinete en medio de una tensión interna creciente.

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Una jornada con fuerte simbolismo

La jornada arrancó temprano en la Plaza de Mayo, donde el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri izó la bandera. Minutos después llegó Milei, acompañado por la secretaria general de Presidencia, Karina Milei; el jefe de Gabinete, Manuel Adorni; el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem; el ministro del Interior, Diego Santilli, y el canciller Pablo Quirno. Antes de volver a Casa Rosada, el Presidente pasó por el Cabildo y entonó el himno nacional.

El mensaje del arzobispo: “Basta de arengar la polarización”

En su homilía, García Cuerva trazó una clara separación entre el papel de la sociedad y el de la dirigencia política. Definió al pueblo argentino como una comunidad que conserva fe, capacidad de esfuerzo y una reserva espiritual heredada, pero afirmó que ese capital no encuentra correspondencia en quienes toman decisiones. “Basta de arengar la polarización”, reclamó el líder religioso.

“Lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación; y que lo haga por los que no pueden más, por los que perdieron las ganas de seguir, por los que sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación, de oportunidades”, dijo García Cuerva. La frase condensó uno de los ejes más duros del mensaje: la distancia entre la resiliencia social y la debilidad del sistema de representación.

Antes, había descrito a “muchos hermanos” que desde hace años se sienten postrados, al borde del camino, sin fuerzas para seguir y sin posibilidad de sostenerse en derechos largamente postergados. Esa descripción conectó la metáfora religiosa con una lectura social que abarca trabajo, educación y acceso a oportunidades.

Crítica directa a la descalificación en redes

Según pudo saberse, otro de los pasajes más directos del mensaje estuvo dirigido a quienes intervienen en la discusión pública desde la descalificación. García Cuerva comparó a los escribas del Evangelio, “sentados mirando” el esfuerzo ajeno, con los usuarios que hoy actúan desde la comodidad de una pantalla.

“Unos escribas que estaban sentados mirando el esfuerzo de aquellos hombres y el milagro de Jesús, se pusieron a hablar y criticar, apoltronados en su comodidad y en sus seguridades. Viven de privilegios; alejados del común de la gente, perdieron la sensibilidad con los que sufren, critican a los que intentan hacer el bien”, afirmó García Cuerva. En la misma línea habló de “haters de hoy” y de “terrorismo de las redes”, al que vinculó con prácticas de descalificación y difamación.

La crítica no quedó en el terreno moral. El arzobispo la vinculó con una forma de violencia que, según sostuvo, puede bloquear a quienes intentan “dar una mano” por la Patria con un trabajo silencioso, paciente y sin estridencias. Su pedido fue que “los violentos de hoy” no detengan a esos hombres y mujeres.

Un llamado a la reconciliación social

Ese tramo de la homilía quedó reforzado por una cita del papa León XIV, a quien atribuyó un llamado hecho en febrero de este año para abandonar las palabras que hieren, el juicio inmediato, las calumnias y el hablar mal de los ausentes. La referencia le sirvió para ampliar la crítica a la conversación pública en la familia, el trabajo, la política, los medios y las redes sociales.

En esa línea, también insistió en que nadie puede ser descartado. El arzobispo nombró a abuelos, niños, enfermos, personas con discapacidad, jóvenes atravesados por la droga y trabajadores informales o precarizados como parte de una misma periferia que, en su lectura, debe ordenar las prioridades públicas.

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