Sergio Dumrauf: mantener las cooperativas para construir el mañana
Universidad y territorio: una construcción que viene de lejos
Las jornadas desarrolladas en la Facultad de Trabajo Social no surgieron como una experiencia aislada. Dumrauf las ubica dentro de un recorrido que atravesó distintas unidades académicas de la Universidad Nacional de La Plata y fue construyendo vínculos entre docentes, estudiantes, productores y organizaciones.
Las primeras jornadas tuvieron lugar en 2022, aunque el docente remonta los antecedentes mucho más atrás. En 2014 se desarrollaron experiencias de “Verduras para Todos”, en un contexto marcado por las consecuencias de la inundación que había golpeado a La Plata durante 2013.
Aquellas acciones buscaban, según recuerda, “juntar la universidad con lo que sucedía en el país” y promovieron mecanismos de venta directa. De ese recorrido posteriormente surgió el Mercado Popular La Veredita, que fue ganando presencia y visibilidad.
Pero la experiencia tenía antecedentes incluso anteriores. Dumrauf y otros integrantes de esos equipos ya trabajaban desde la Facultad de Veterinaria mediante un fondo rotatorio y la feria Manos de la Tierra, iniciada en 2008, junto con jornadas vinculadas a la agricultura familiar.
Esos espacios permitían algo que después se transformaría en una constante: hacer interactuar a estudiantes, docentes y productores, incorporando al territorio dentro de los procesos universitarios de formación y construcción de conocimiento.
De los alimentos hacia una economía popular más amplia
La experiencia desarrollada posteriormente desde Trabajo Social permitió ampliar esa perspectiva. Ya no se trataba exclusivamente de producción hortícola, alimentos o granjas, sino de incorporar otros sectores vinculados con la economía popular.
Gastronomía, artesanías, textiles y diferentes producciones capaces de generar ingresos comenzaron a integrarse a ese entramado. La Veredita pasó así a representar una diversidad mayor de actividades productivas.
Para el investigador existen dos grandes ejes detrás de ese trabajo. Uno consiste en convertir a la universidad en un actor relevante dentro de la economía popular, social y solidaria regional. El segundo tiene una dimensión específicamente pedagógica.
La propuesta busca formar trabajadores sociales que puedan intervenir no solamente en educación, salud, niñez u otros campos tradicionales, sino también dentro de organizaciones y experiencias de la economía popular.
Formar profesionales capaces de comprender las organizaciones
Organización, construcción de entramados, conflictos internos, planificación y gestión son algunos de los conocimientos que Dumrauf considera necesarios para acompañar estos procesos desde el Trabajo Social.
A ellos pueden sumarse dimensiones económicas, como costos y administración, pero sin abandonar aquello que otras disciplinas no siempre poseen con la misma intensidad: la experiencia territorial y el vínculo cotidiano con las organizaciones.
“Los economistas saben mucho de números, pero por ahí no tienen este trabajo más territorial”, ejemplifica el docente al explicar por qué considera que los trabajadores sociales también pueden desempeñar un papel dentro de estos espacios.
Las jornadas fueron creciendo desde esa concepción. Según destacó, aumentó la cantidad de productores presentes en la feria, la participación en los talleres y especialmente la intervención de estudiantes, que este año también presentaron trabajos vinculados con sus prácticas y actividades.
Una cooperativa construida desde tres espacios universitarios
Esa articulación consiguió además superar el formato de las jornadas y transformarse en una experiencia concreta de comercialización.
La Facultad participa de una cooperativa comercializadora sostenida por tres patas institucionales: la Prosecretaría de Economía Popular de Trabajo Social, la Secretaría de Producción Agroalimentaria de Veterinaria y un área dependiente de la Secretaría de Políticas Sociales de la Universidad.
“Entre las tres generamos esta cooperativa Intermediación Solidaria y generamos procesos de intermediación”, explica Dumrauf.
Existe un espacio de acopio donde confluyen las producciones y, cada quince días, se realizan ventas mediante una plataforma virtual desarrollada gracias al trabajo conjunto con la Facultad de Informática.
La experiencia muestra así otra dimensión posible de la vinculación universitaria: distintas disciplinas aportando capacidades específicas para construir un circuito concreto entre producción, comercialización y consumo.
La universidad frente a un escenario adverso
“El saber no solamente tiene que ver con el saber académico”
La conversación adquiere otra dimensión al analizar el presente de las universidades públicas. Frente a cuestionamientos sobre qué producen y cuál es su relación con la sociedad, Dumrauf contrapone una trayectoria territorial que, sostiene, lleva aproximadamente dos décadas.
“Nosotros venimos haciendo eso hace mucho, desde la universidad, desde hace 20 años que venimos con esa idea”, afirma.
Y establece uno de los conceptos centrales de su mirada: “La construcción del saber no solamente tiene que ver con saber académico, sino un saber de las organizaciones, un saber popular”.
Ese intercambio no aparece entonces como una actividad complementaria de la universidad, sino como parte del propio proceso de producción de conocimiento: la academia aporta herramientas, pero las organizaciones y los productores también poseen saberes construidos desde sus experiencias.
Una universidad que también siente los ataques
Sergio reconoce que el actual escenario afecta a quienes trabajan dentro de las instituciones universitarias. “Sí, sentimos el ataque”, expresa, aunque considera que esas críticas funcionan como “excusas para atacar un proceso que para nosotros es muy virtuoso”.
También reconoce las dificultades internas. En universidades grandes y con largas trayectorias institucionales, como la UNLP, producir transformaciones puede resultar complejo.
Sin embargo, sostiene que siempre existen “intersticios” desde los cuales avanzar y destaca la apertura institucional que permitió sostener estas experiencias, aun cuando en las propias facultades hayan existido resistencias.
“Siempre hay dificultades, nada es fácil y en todas las facultades hay resistencias, pero esas resistencias se han ido venciendo”, sintetiza.
Pensar juntos la academia y los sectores productivos
Paradójicamente, en lo que describe como posiblemente uno de los momentos más difíciles de los últimos años para la universidad, Dumrauf encuentra una mayor relevancia en los procesos de organización territorial.
“El proceso organizativo, el proceso de red, el proceso de ida y vuelta a los territorios, el proceso de pensar juntos la academia y los sectores productivos” adquiere, desde su perspectiva, una importancia fundamental.
Allí incorpora también dos objetivos concretos: pensar nuevas formas de alimentación y generar trabajo.
El investigador reconoce los límites de estas experiencias. No considera que posean por sí mismas la capacidad para modificar toda una estructura económica, pero sí entiende que pueden “plantear formas distintas, o por lo menos ideas distintas”.
Economía social: resistir sin quedarse quietos
Más personas buscan respuestas dentro de la economía popular
La caída de los ingresos y del consumo atraviesa directamente al sector. Ante ese escenario, Dumrauf observa que cada vez más personas encuentran en actividades de la economía popular una estrategia para generar recursos.
“Caen los ingresos, cae el consumo, hay que hacerse un mango de alguna manera”, describe.
Salir a vender, realizar changas o desarrollar pequeños emprendimientos domésticos —muchos vinculados con la producción alimentaria— son algunas de las respuestas que aparecen cuando el trabajo o los ingresos tradicionales dejan de alcanzar.
Pero establece un límite importante: la economía popular no puede revertir por sí sola un problema macroeconómico. Cuando disminuye el dinero circulante y desaparecen políticas públicas, estas organizaciones no quedan al margen del ajuste: también lo sufren.
“Una cooperativa que decae es una pérdida importante para el futuro”
Frente a ese escenario, identifica una primera tarea urgente: resistir de la manera más organizada posible.
El objetivo debería ser evitar que desaparezcan organizaciones, cooperativas y mutuales que llevan años trabajando dentro de los territorios.
“Una cooperativa que decae como tal es una pérdida importante en términos del futuro”, advierte.
Muchas organizaciones permanecen activas aunque hayan debido achicarse y atravesar dificultades importantes. Para explicar esa situación, Dumrauf utiliza un concepto particularmente gráfico: latencia.
Estar en latencia, pero no estar quietos
La latencia significa preservar capacidades, vínculos, organizaciones y aprendizajes para que puedan desplegarse nuevamente cuando cambien las condiciones económicas.
Pero no significa esperar pasivamente.
“Tratar de resistir, de aguantar, de estar, de seguir en ese estado de latencia, pero no quietos, sino pensando qué hacer”, plantea.
Eso supone proyectar qué hacer territorialmente y también qué políticas públicas serán necesarias en otro contexto. Para el investigador, esas políticas deberían abandonar respuestas fragmentadas y avanzar hacia concepciones más integrales.
El desafío consiste en llegar al futuro con organizaciones todavía existentes, pero también con proyectos, aprendizajes y perspectivas capaces de aprovechar un escenario diferente.
Superar las fragmentaciones del propio sector
El referente también coloca una responsabilidad hacia dentro de la economía social. No todos sus problemas, señala, dependen exclusivamente de las condiciones externas.
“Depende un poco de nosotros también cómo salimos de esa cuestión más mezquina de federaciones, cooperativas, esto, lo otro”, plantea.
El desafío sería construir “una política un poco más orgánica del sector”, capaz de superar fragmentaciones institucionales y pensarse como parte de una misma estructura económica y social.
Una economía social con capacidad de producir trabajo, alimentos, productos, vestimenta y vivienda, entre otras necesidades centrales de la población.
La resistencia, bajo esa perspectiva, no consiste únicamente en conservar cada organización individualmente, sino también en construir mayor articulación entre ellas.
El consumo también puede ser una decisión
“Pensar qué consumimos, cuándo consumimos y a quién le compramos”. Sobre el final, el docente traslada parte de la responsabilidad hacia una dimensión cotidiana: el consumo.
“Creo que es muy importante, para todos los que estamos pensando un futuro mejor, pensar qué consumimos, cuándo consumimos, a quién le compramos”, señala.
Reconoce que esa capacidad siempre está condicionada por los ingresos disponibles. Sin embargo, plantea que incluso dentro de esos límites resulta necesario evitar que determinadas formas de consumo sean naturalizadas simplemente porque aparecen como nuevas o novedosas.
La pregunta que propone introducir antes de comprar es sencilla: quién está detrás de aquello que consumimos.
“Cada vez hay más dueños que son la nube”
El investigador e interventor de la realidad cooperativa sintetiza esa transformación mediante una imagen: “Hoy, en un momento que cada vez hay más dueños que son la nube y menos dueños de carne y hueso”, considera necesario recuperar un instante de reflexión antes de consumir.
“Poder tener ese momento de pensar, de ser consciente a quién estoy comprando y después de eso poderlo hacer”, propone.
La reflexión termina conectando todos los puntos de la entrevista. Detrás de una feria, una cooperativa, un mercado popular o un circuito universitario de comercialización existen personas, organizaciones y territorios concretos.
En un escenario atravesado por la caída del consumo y las dificultades de numerosas experiencias asociativas, sostener esos entramados significa preservar capacidades para el futuro. Resistir, para el docente, no supone quedarse esperando mejores condiciones: significa organizarse, aprender, proyectar y construir desde ahora las alternativas que puedan desplegarse mañana.
Fuente: Entrevista de Revista Vértices a Sergio Dumrauf, docente de las facultades de Trabajo Social y Ciencias Veterinarias e investigador del IPAF-INTA.







