Los sojeros aguardan mejores precios con 9.076 millones de dólares sin vender.
Los productores de soja tienen sin vender ni fijar precio alrededor de 25,4 millones de toneladas, es decir el 51% de la campaña 2025-2026, cuando para fines de septiembre del año pasado solamente les quedaba un remanente de 2 millones de toneladas. La diferencia se explica por el fenomenal negocio de haber llevado a cero las retenciones por una ventana de tiempo de 72 horas durante septiembre del año pasado. La baja temporal de los derechos de exportación les mejoró a los productores el precio, un poco, aunque la transferencia de recursos fue captada exclusivamente por el puñado de exportadoras que manejan los puertos sobre la Vía Navegable Troncal (VNT).
La baja de retenciones de septiembre de 2025 obedeció a la tensión cambiaria producto del escenario pre-electoral. Así lo reconoció en su momento Agustín Tejeda Rodríguez, subsecretario de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional. “Uno podría tener un abanico de opciones, dentro de todas se definió ésta que podía llevar calma bajando impuestos, eso se tuvo en cuenta en la ecuación.Para evitar restricciones como un cepo, de las excepcionales esta medida era la mejor”,sostuvo. Era la baja de retenciones por 72 horas o un cepo.
Este año no se aplicaron esquemas diferenciados. Fue una orden de Scott Bessent, titular del Tesoro norteamericano hacia Luis Caputo. En este escenario, los productores retienen parte de su cosecha a la espera de los mejores precios posibles, con China como principal demandante de la soja local. Por su parte la industria procesadora de aceite y harina de soja (que son las mismas grandes exportadoras dueñas de los puertos de la VNT y del comercio exterior) cubren sus faltantes de granos con soja importada de Paraguay. El último mes compraron casi un millón de toneladas, según los datos de la CIARA CEC.
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De acuerdo a la información de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la cotización de la soja en el Matba – Rofex (mercado de futuros) para septiembre cerró el viernes pasado en los 372 dólares la tonelada. Esto quiere decir que los productores están sentados sobre una cosecha valuada en 9076 millones de dólares. El año que viene, otra será la historia; cuando las papas electorales quemen, la presión sectorial para la baja de retenciones será mucho mayor. Los ganadores serán los de siempre (como las vaquitas), los perdedores también.
La soja financió la compra de billetes
La liquidación de divisas de agosto da cuenta del freno en las ventas. El total de dólares ingresados al Mercado Únicos y Libre de Cambios (MULC) fue de 2750 millones de dólares,un 6% menos que el mes anterior.En el acumulado del período, se liquidaron 19.047 millones de dólares, un 12% menos en la comparación interanual. La cifra es casi igual a la cantidad de billetes verdes que salieron del sistema a partir de la compra para atesoramiento (20.977 millones).
Dante Romaro, profesor e investigar de la Universidad Austral sostuvo que hasta el 19 de agosto el ritmo de las ventas de soja daba cuenta de cierto atraso en la comercialización, explicado por los bajos precios. De todas maneras, en la última semana parece haber habido un repute de los valores internos de comercialización, que pasaron de los 505.000 pesos la tonelada de soja para el 18 de agosto hasta los 550.000 pesos la tonelada del último día hábil del mes pasado.
Así y todo, los productores esperan -aquellos que tienen una mayor espalda financiera para hacerlo – una mejora más pronunciada de los precios para acelerar sus ventas. Para septiembre – octubre de la cosecha 2023-2024, los productores guardaban en silo bolsas el 57% de la campaña (28 millones de toneladas). Por entonces, la CIARA CEC, la cámara patronal que nuclea a las exportadoras, explicaba que tal comportamiento se debía a que los productores restringían la venta como “reserva de valor”. Al año siguiente, la administración Milei insistió con su esquema de dólar soja para acelerar ventas en el escenario electoral con un impulso artificial de los precios internos. El próximo año será otra historia.
Agricultura y exportación de alimentos, ¿para quién?
Argentina posee 14 millones de hectáreas detierras negras,las más aptas del mundopara produciralimentossegún la FAO. Solo cuatro países concentran más del 70% de esas tierras a nivel global: Rusia, Kazajstán, China y Argentina. Sobre esa base se producen principalmente cereales y oleaginosas —soja, maíz y trigo— bajo esquemas de doble cultivo que combinan cereales de invierno con cultivos de verano.
Este potencial que ubica a la Argentina entre los grandes productores de alimentos tiene un claroscuro, tal como lo señalaron Ernesto Mattos, Breno Nunes Chas y Lucía Cirmi Obon en un artículo publicado por Futuros Mejores:
“En ese mismo país 14 millones de personas padecenhambrey se alimentan de forma irregular, y 5 millones se encuentran en situación de vulnerabilidad extrema, con incertidumbre diaria sobre suacceso a la alimentación. Estacrisisno es solo una tragedia humana sino undesperdicio masivo de capital nacional: una población mal alimentada representa capacidades productivas y de desarrollo truncadas”.
¿Quiénes producen alimentos? ¿Para quién se produce? Ambas preguntas deberían resonar como mantra y guía de cualquier política agropecuaria y alimentaria a futuro. ¿Es realmente nacional la producción de alimentos vinculados a la soja y el maíz?Los productores totales dedicados al rubro de la soja ascienden a los 57.780 pero son muy pocos los que mueven los grandes volúmenes de la producción. El 10% de todo este universo maneja el 56% de la producción y el 20% de los productores se quedan con el 72% del mercado en su fase primaria.
Una cosa es la producción de soja como parte de un proceso productivo dentro de una chacra mixta cuyos protagonistas son los chacareros que todavía viven en el campo –como señala Pedro Peretti– y otra el proceso de sojización que esconde a grandes terratenientes o corporaciones financieras, muchas veces integrados verticalmente en sus sociedades con los acopios y los exportadores. Tan solo ocho exportadoras manejan el 80% de las ventas de granos y aceites.
Otra agricultura es posible. Así lo definen los investigadores de Futuros Mejores Mattos, Nunes Chas y Cirmi Obon:
“Para fortalecer el arraigo, se propone unapolítica de arrendamiento agropecuarioque favorezca laestabilidad productiva y la inversión de largo plazo. El marco legal francés —el Estatuto de los Arrendamientos Rústicos— es una referencia: sus contratos van de 9 a 25 años y están diseñados para proteger al agricultor y garantizar condiciones de estabilidad que incentivan la inversión en el predio. En la misma dirección, permitir que losproductoresde cada región funcionen comoproveedoresde los establecimientos educativos y de salud, así como de otras instituciones de gestión estatal que demanden alimentos, contribuiría al arraigo y a la articulación entreproducción local y demanda pública”.







