Las tarifas eléctricas que más aumentaron son las de las familias pobres
En las últimas horas, un informe del Instituto Argentino de Estudios Técnicos, Económicos y Sociales (IAETES) reveló que las tarifas eléctricas que más aumentaron en el último año corresponden al segmento de menores recursos. El dato surge de una comparación entre el esquema de subsidios anterior y el actual, implementado por el gobierno nacional, y marca un fuerte impacto en los hogares entrerrianos de sectores vulnerables.
El impacto en los hogares entrerrianos
El análisis se centra en la situación actual, en relación al mismo mes del año anterior. En el pasado existía una segmentación en las facturas según tres niveles de ingreso: N1 para el que pagaba la tarifa plena, N2 para el del subsidio más alto y N3 para el de subsidio medio. El criterio imperante era: a menor ingreso, mayor subsidio. Pero esa diferenciación desapareció. El precio efectivo de la energía para el usuario con menos recursos subió hasta un 80,8%. “Al comparar la factura de mayo del año pasado del N2 con la única tarifa subsidiada vigente hoy, el aumento nominal oscila entre el 44% y el 81%. Todas las categorías superan el IPC acumulado. La categoría R3 (370 kWh) exhibe el mayor aumento nominal (+81%)”, determina el informe.
“Es más del triple que la inflación del período”, remarca el mismo estudio. En contraste, el sector de ingresos medios fue el más beneficiado en el año, con una tarifa que se incrementó apenas un 8,7%.
Diferencias que golpean el bolsillo
De esta manera, tres vecinos de la misma localidad, con el mismo consumo de 298 kWh por mes, pagan facturas radicalmente distintas: el de mayores recursos declarados paga $46.401, mientras que tanto el de medios como el de bajos ingresos abonan $24.551. El análisis del IAETES concluye que “la eliminación del N2 (bajos ingresos) como categoría diferenciada representa una regresión en el diseño de la política tarifaria. El N2 garantizaba a los hogares de menores ingresos un cargo variable hasta un 23% inferior al del N3 (ingresos medios) y una base subsidiada 100 kWh mayor (350 vs. 250 kWh).”
La convergencia a un único nivel implica que un hogar que consume 300 kWh por mes y antes pagaba $15.039 (con la tarifa subsidiada máxima), ahora paga $24.551, es decir, un aumento del 63,3%. El mismo hogar en el nivel de ingresos medios pagaba $21.157 y pasó a pagar $24.551, un incremento del 16%. La tarifa actual es idéntica para ambos perfiles de ingreso. “Esta homologación de la tarifa subsidiada entre N2 y N3 reduce significativamente el grado de progresividad del esquema y la exigencia para que los costos energéticos no comprometan la satisfacción de otras necesidades básicas de los sectores más vulnerables”, añade el informe.
Subsidios que castigan a los que menos tienen
Este esquema responde a la política nacional de reducir el costo fiscal de los subsidios energéticos. El IAETES señala que es una política regresiva en su diseño y que parte de una premisa equivocada: mayor consumo implica mayor ingreso. “Si el mayor consumo está asociado, en muchos casos, a peores condiciones habitacionales —y no al derroche—, el esquema distribuye el beneficio del subsidio en sentido potencialmente inverso a la necesidad”. Ahora se subsidia en función del consumo, sin distinción de ingreso dentro del universo de beneficiarios.
A su vez, remarcan que el nivel de consumo eléctrico no es un indicador confiable del nivel de ingreso del hogar y choca con la realidad de nuestra provincia. “La intuición habitual —más consumo, mayor ingreso— tiene excepciones estructurales que en el Área Metropolitana y también en ciudades como Paraná, Concordia o Gualeguaychú son masivas. El hogar de altos ingresos tiene electrodomésticos de bajo consumo, buena aislación térmica, pocos integrantes por metro cuadrado y acceso al gas natural para calefacción y agua caliente. El hogar de bajos ingresos puede tener una heladera de 20 años con el doble de consumo que una moderna, calefacción eléctrica porque no tiene acceso al gas o porque la conexión está cortada, hacinamiento con varios integrantes conviviendo, y equipos viejos que no fueron reemplazados por falta de capital. Una familia de seis personas de menores ingresos puede consumir perfectamente 500 kWh por mes no por derroche, sino por sus condiciones materiales de vida”, ejemplifica el análisis a cargo de Jonatan Simón.
Más aumento, peor servicio
Además, señala el informe del organismo creado por la Asociación del Personal Superior de Empresas de Energía, el mayor incremento en las tarifas coincide con el sector donde más empeoró el servicio en el último año. “La persona usuaria de bajos ingresos en el sur de la provincia enfrentó, en los últimos doce meses, una acumulación de impactos que ningún otro segmento vivió de forma simultánea: el mayor aumento porcentual de todos los segmentos (+63%), la pérdida de su protección diferencial de energía, el menor ahorro absoluto del subsidio unificado si su consumo es bajo, y la peor calidad de servicio técnico de toda el área de concesión”. También se profundiza la desigualdad en la calidad del suministro eléctrico entre el norte y el sur de la provincia, con índices de calidad completamente opuestos.







