Geografía económica de Milei: inversiones concentradas y desigualdad en el interior

Geografía económica Milei inversiones concentradas e interior desigual

El nuevo mapa económico que está dejando el gobierno de Javier Milei divide cada vez más al país, y Entre Ríos no es la excepción. El patrón de crecimiento que emerge concentra la inversión en actividades extractivas mientras se debilitan sectores clave como las economías locales, entre ellas las de nuestra provincia. Lejos de ser una crisis aislada, especialistas advierten sobre una reorganización del territorio argentino: mientras las inversiones se concentran en un puñado de enclaves petroleros y mineros, buena parte de las actividades productivas que sostienen el empleo y el entramado económico en todo el país —incluidas las entrerrianas— enfrentan una pérdida de competitividad que se traduce en menos producción, cierre de empresas y deterioro laboral.

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El resultado es un nuevo mapa económico que divide al propio interior argentino. De un lado, provincias impulsadas por Vaca Muerta y los proyectos mineros, que concentran desembolsos millonarios y buena parte de las apuestas oficiales. Del otro, regiones cuya economía depende de actividades intensivas en trabajo —como la vitivinicultura, la yerba mate, la producción frutícola, citrícola, algodonera o forestal— golpeadas por la caída del consumo interno, el atraso cambiario, el aumento de los costos y la apertura de importaciones. En Entre Ríos, sectores como el arroz, la lechería, la citricultura y la forestoindustria sienten ese impacto directo en el bolsillo de los productores y en el empleo local.

Radiografía de las inversiones

La economía argentina comienza a mostrar un crecimiento cada vez más apoyado en actividades extractivas de alta productividad y baja generación de empleo directo, mientras pierden terreno las producciones que históricamente distribuyeron actividad económica, proveedores, comercio y trabajo en cientos de localidades del país. Más que una crisis sectorial, distintos especialistas advierten sobre un cambio en el patrón de desarrollo.

Al respecto, el primer rasgo del nuevo mapa económico aparece al seguir el recorrido de las inversiones. Los grandes desembolsos anunciados desde la llegada de Javier Milei se concentran en actividades vinculadas al petróleo y la minería, especialmente en un puñado de provincias del oeste y la Patagonia. Los datos del Observatorio del RIGI (UNSAM-CONICET) muestran que casi el 100% de las inversiones presentadas bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) corresponden a proyectos de hidrocarburos y minería, con Neuquén, San Juan y Río Negro acaparando casi ocho de cada diez dólares comprometidos.

En detalle, en los últimos meses se presentaron 36 proyectos por más de USD 106.100 millones. De ellos, 30 corresponden exclusivamente a minería e hidrocarburos, mientras que los restantes se distribuyen entre energías renovables, infraestructura y siderurgia. Si se observa el monto comprometido, la concentración es todavía mayor: más del 98% de la inversión proyectada se dirige a los sectores minero (45,0%) y energético (53,0%).

Esa concentración sectorial también tiene un correlato geográfico: Neuquén encabeza ampliamente el ranking de inversiones comprometidas con el 36,2% del total, impulsada por Vaca Muerta. Le siguen San Juan (23%) y Río Negro (18,8%), vinculada a la expansión de la infraestructura petrolera y de exportación de GNL. Entre las tres provincias reúnen cerca del 78% de toda la inversión relevada; si se suman Catamarca y Salta, la concentración supera el 95%.

Por su parte, según el documento, “a contramano del discurso oficial que afirma la llegada de capitales internacionales, los datos muestran que las empresas argentinas tienen una participación importante en el RIGI, especialmente en el sector petrolero y gasífero, tanto a través de firmas privadas como de compañías con participación estatal nacional o provincial”, precisaron.

Lo anterior tiene correlato con un informe de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) que, como anticipó este portal, indicó que la inversión extranjera directa (IED) hacia la región volvió a crecer, pero el flujo se concentró en un puñado de países (Brasil captó cerca del 38% del total y México otro 24%) mientras que Argentina apenas explicó el 1,6% de los flujos de inversión que llegaron a la región, una participación marginal que contrasta con la promesa oficial de que la desregulación económica y el nuevo régimen de incentivos impulsarían una ola de inversiones.

En materia de empleo, el Observatorio diferenció las etapas de “construcción” y “operación” de los proyectos dentro del régimen. En total, para los 27 proyectos con información disponible, las empresas estiman 15.194 empleos directos y 50.573 indirectos durante la etapa de construcción. Ahora bien, cuando se observa la fase de operación —es decir, los empleos permanentes de largo plazo— las cifras disminuyen considerablemente: se proyectan 8.196 empleos directos y 17.575 indirectos. En este contexto, si se analiza la evolución del empleo registrado en el último período, puede advertirse que “el RIGI todavía no compensa la caída general del empleo formal en otros sectores de la economía”, alertaron.

Si el mapa de las inversiones muestra hacia dónde se dirige el capital, datos oficiales permiten observar qué está ocurriendo con la economía real en cada territorio. Según el último Indicador Sintético de Actividad Económica Regional (ISAER), mientras la Patagonia fue la única región con un crecimiento claramente superior al promedio nacional durante el último trimestre disponible (+3,1%), impulsada por el petróleo, la refinación y otras actividades extractivas, tres de las cinco regiones del país registraron caídas de la actividad: Cuyo (-4,5%), NEA (-4%) y NOA (-2,2%).

Lejos de mostrar un comportamiento homogéneo, el propio indicador elaborado por el Ministerio de Economía nacional reflejó un país que comienza a dividirse en distintas velocidades productivas. Por un lado, el crecimiento del sur estuvo impulsado por el aumento de la producción y refinación de petróleo, las capturas marítimas y la producción de aluminio. En Cuyo pesó la caída de la actividad vitivinícola y de los hidrocarburos convencionales; en el NEA retrocedieron la yerba mate elaborada y la industria textil, y en el NOA, pese al fuerte crecimiento de la producción de carbonato de litio, la actividad regional igualmente mostró una contracción.

Radiografía del deterioro

Del otro lado del mapa aparecen las economías regionales tradicionales. A diferencia de los grandes proyectos extractivos, estas actividades dependen de una combinación de consumo interno, exportaciones, empleo intensivo y una extens

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