Estudio de UNLP desmiente baja de 10 puntos en pobreza que Milei aduce
En las últimas horas, investigadores de la Universidad Nacional de La Plata pusieron en discusión uno de los principales indicadores que el gobierno nacional utiliza para mostrar una mejora social. Si bien desde la Casa Rosada festejan la desaceleración inflacionaria y una recuperación parcial de ingresos, un trabajo académico advierte que la caída de la pobreza podría ser mucho menor de lo que reflejan las estadísticas oficiales. En Entre Ríos, donde la situación económica golpea fuerte, estos datos invitan a mirar con lupa los números que se publican.
Según el informe, la reducción de la pobreza entre fines de 2023 y mediados de 2025 —considerando los ajustes que proponen los autores— habría sido de apenas 1,7 puntos porcentuales. Una diferencia enorme si se la compara con la caída superior a los 10 puntos que surge de las mediciones oficiales. O sea, la mejora no sería tan contundente como se pinta, al menos desde la óptica de estos especialistas.
Los tres fantasmas de la medición
El documento, titulado Medición de la Pobreza en Contextos de Inflación Cambiante: El Caso de Argentina, fue elaborado por Iván Albina, Leonardo Gasparini y Leopoldo Tornarolli. Allí analizan tres fenómenos que suelen quedar afuera del debate público y que, en épocas de inflación galopante, sesgan los resultados.
Primero: el desfasaje temporal. La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) pregunta por los ingresos del mes anterior, pero la canasta básica se valora con precios del mes de la entrevista. En tiempos de inflación alta, ese pequeño lapso hace que el ingreso declarado valga menos que la canasta, inflando la pobreza. Cuando la inflación baja, ocurre lo inverso y la mejora aparece más pronunciada. Los autores calcularon que esa sobreestimación llegó a 3,1 puntos en el segundo semestre de 2023 y a 2,2 en el primero de 2024. Para fines de 2024 y comienzos de 2025, con precios más tranquilos, la diferencia se redujo a menos de 0,7 puntos.
Segundo: el subreporte de ingresos. La EPH depende de lo que la gente dice que gana. Comparando esos datos con registros administrativos, los investigadores detectaron que desde 2017 hasta inicios de 2024 la subdeclaración venía en aumento: la gente informaba cada vez menos de lo que realmente percibía. Pero a mediados del año pasado esa tendencia se rompió y la encuesta empezó a captar mejor los ingresos, volviendo a niveles de 2017. Eso —explican— puede generar una mejora estadística artificial, aunque los bolsillos de las familias no hayan cambiado tanto.
Tercero: los cambios bruscos de inflación. En contextos de aceleración y posterior desaceleración, los sesgos metodológicos que antes eran menores se vuelven relevantes. El estudio es claro: “Si el subreporte no permanece estable en el tiempo, parte de la evolución observada en la pobreza podría reflejar cambios en la captación de ingresos por parte de la encuesta y no únicamente cambios en las condiciones económicas de los hogares”.
Lo que no se dice
Los autores aclaran que no están cuestionando el trabajo del INDEC como operación estadística, sino señalando que decisiones metodológicas que en épocas de estabilidad pasan desapercibidas ahora generan distorsiones visibles. La pregunta que queda flotando, especialmente para provincias como Entre Ríos donde la informalidad y los ingresos semanales son moneda corriente, es si realmente estamos saliendo del pozo o si solo estamos viendo un espejismo estadístico.







