El mejor amigo del Roña Castro reveló cuál fue su último deseo antes de morir: Me pidió
Jonathan de Primio, el mejor amigo de Jorge “Roña” Castro, rompió el silencio tras la muerte del ex boxeador y contó un detalle que, a la distancia, le da otro sentido a las últimas semanas que compartieron. En diálogo con Puro Show (El Trece), recordó un pedido muy especial que el ex campeón le hizo poco antes de su partida y que hoy interpreta como una señal.
Castro murió este miércoles en la madrugada, a los 59 años, luego de sufrir una descompensación en el bingo de Morón, donde estaba junto a su hija Kimey y su exmujer.
El triste final del Roña Castro.
“Siempre iba para adelante”
De Primio, todavía golpeado por la pérdida, describió a su amigo como un hombre de una vitalidad contagiosa. “Era una persona a la que nunca vi mal. Siempre iba para adelante y se tomaba todo en gracia. Tenía ese carisma que lo caracterizaba”, afirmó.
Según su relato, nada hacía prever el desenlace, ambos habían pasado juntos el último fin de semana largo y el “Roña” se mostraba como de costumbre. “Lo vi como siempre, alegre y feliz de la vida. Ese día hablamos mucho de la vida, del significado que uno obtiene como individuo de buscar siempre el amor y el perdón. Por eso esto me cayó como un balde de agua fría”, reconoció.
El viaje que hoy suena a despedida
“Mirando para atrás siento que hace un mes y algo que esto estaba marcado”, confesó el joven. Entonces reveló el deseo que Castro le había expresado: “Hace un mes me pidió ir a Caleta Olivia, Santa Cruz, a sus orígenes. Quería ir a donde nació, ver a su familia, estar con sus hijos y sus hermanos. Así fue”.
De Primio lo acompañó en ese regreso a su ciudad natal, que Castro no pisaba desde hacía años. “Lo pudo lograr. Fue como una despedida”, sintetizó. Durante esos días, en la casa donde el boxeador pasó su infancia, compartieron una charla íntima que hoy atesora. “Tenía muchas ganas de vivir Jorge. Él sufrió mucho la muerte de su mamá, que también tenía diabetes, y quería volver para sus tierras. Acostados, me dijo ‘estoy tranquilo, contento de estar con mis hijos y con mi familia. Gracias por acompañarme’”, recordó.
La llamada que lo cambió todo
El momento más duro llegó con un llamado inesperado. Su hijo lo despertó porque sonaba el teléfono: era Kimey, que le pedía que fuera urgente al bingo porque su papá se había descompensado. “Llegué al bingo, que es a 20 minutos de mi casa, y nunca pensé que me iba a encontrar con ese panorama”, contó.
Al llegar, recibió la peor noticia: “El médico me dijo que no tenía signos vitales, que no se podía hacer nada más”.







