Crisis maderera exige acción urgente ante parálisis operativa terminal
Lo que comenzó como un año de proyecciones optimistas tras un cierre del año anterior con exportaciones en alza, se transformó en un escenario de supervivencia extrema para el sector forestal. En las últimas horas, la actividad en el Litoral atraviesa uno de sus momentos más críticos, definido por representantes del sector como un cuadro de “alerta máxima y parálisis operativa agónica terminal”.
El empresario e integrante de la Cámara de Exportadores de Carbón Vegetal, Víctor Fabián Hernández, trazó un duro diagnóstico sobre la realidad que golpea a la región, y particularmente a la provincia de Chaco. Según el referente, la industria hoy enfrenta una combinación letal: ruptura de la cadena de pagos, pérdida de competitividad en mercados externos y una parálisis productiva que amenaza con ser irreversible para muchos aserraderos y plantas de procesamiento.
En el plano productivo, las condiciones climáticas tampoco ayudaron. Las altas temperaturas y las lluvias del verano redujeron temporalmente la actividad, en un contexto que ya venía condicionado por la incertidumbre jurídica. Durante aproximadamente dos meses, explicó, la actividad quedó sin amparo legal por decisiones judiciales, lo que profundizó la parálisis.
El trasfondo social del problema también aparece como una de las principales preocupaciones. Según el empresario, la forestoindustria sostiene a decenas de miles de familias en la provincia, un entramado que empieza a deteriorarse al ritmo de la crisis. “Toda la contención socioeconómica que sostiene a las más de 35 mil familias se está degradando y la segunda red que debe contener son las intendencias”, advirtió en declaraciones al portal AgroPerfiles.
Frente a este escenario, desde el sector reclaman medidas excepcionales. Hernández planteó la necesidad de que el gobierno de Leandro Zdero declare la Emergencia Forestal: “En la suma de todas estas situaciones extraordinarias, se necesitan medidas extraordinarias”, sostuvo. En ese sentido, aclaró que el objetivo es “poder darle al sector unas herramientas más ágiles y dinámicas para poder adaptarse y sobrevivir”.
La principal maderera de Corrientes paralizó su actividad y suspendió a 400 trabajadores
Más de 400 trabajadores de la planta de Tapebicuá, en la localidad correntina de Gobernador Virasoro, atraviesan meses de incertidumbre laboral mientras la fábrica permanece paralizada y los salarios se pagan de manera parcial. La suspensión de actividades abarcó a todas las líneas de aserrado y procesamiento de madera y afectó también a proveedores, contratistas y transportistas de la firma, que ven afectada la actividad de un número indeterminado de trabajadores de estas empresas. “Venimos cobrando ese 60% desde el año pasado. El otro 40%, como quien dice, se lo comió la vaca”, describió Ramón Ramírez, trabajador de la planta con 26 años de antigüedad.
El último pago se realizó en los últimos días y correspondió al 60% del sueldo del mes anterior. En términos concretos, explicó Ramírez, un trabajador promedio está percibiendo alrededor de 800 mil pesos mensuales. “Ese es más o menos el sueldo”, indicó en diálogo con Bichos de Campo. Hoy, el grueso de los 400 trabajadores está percibiendo entre 400 y 500 mil pesos.
El problema, señalan, es que además del recorte salarial se suma la incertidumbre sobre lo que ocurrirá en adelante. El acuerdo que existía entre la empresa y el sindicato venció a fines de febrero y desde entonces no hubo nuevas comunicaciones formales con los empleados.
En 2023 la firma ya había cerrado su planta de San Charbel, en Garruchos, departamento correntino de Santo Tomé, donde se produjeron 70 despidos. La compañía, controlada por el grupo Celulosa Argentina, arrastra desde hace meses una caída de actividad y problemas de liquidez, agravados por la recesión industrial, la contracción del consumo interno, la apertura de importaciones y un tipo de cambio que complica la competitividad exportadora, argumentaron desde la empresa.







