Con Milei perdemos el Mundial de la recuperación económica de Argentina
Para ganar un Mundial de fútbol tenés que ganar todos o casi todos los partidos. No existe la posibilidad de que un equipo sea campeón con rendimientos mediocres o malos, que lo conducen de derrota en derrota. Es una obviedad tan evidente que provoca pudor plantearla, pero sirve para mostrar que es imposible calificar de exitosa una gestión económica que pierde casi todos los partidos, aunque algunos se atreven a hacerlo.
Es lo que ocurre con el Mundial económico del gobierno de Javier Milei. Nuestro país pierde por goleada pese a que tiene a su favor al FMI —una especie de FIFA de la economía internacional—, el apoyo del poder económico —equivalente a los Estados Unidos de Donald Trump interviniendo en el torneo hasta llegar a la obscenidad de suspender la expulsión de un jugador de su propio equipo— y la complicidad de un amplio dispositivo mediático, de los consultores de la city y de la fragilidad institucional del INDEC, que cumple un papel parecido al del VAR.
El relato económico oficialista se abraza al único resultado que presenta como favorable, aunque lo hace ignorando el VAR: la evolución de la tasa de inflación. Milei intenta ilusionar a una tribuna cada vez más escéptica con la promesa de que la economía se encamina hacia una etapa de crecimiento de varias décadas. Actúa como el técnico de un equipo que va camino al descenso, pero aún así promete que será campeón.
El supuesto triunfo que exhibe Milei en el frente inflacionario tiene, como ya fue explicado en estas páginas, un origen fraudulento. El INDEC informó que la tasa de inflación fue de 1,9% en los últimos meses, 16,8% durante el primer semestre del año y 33,5% en el último año. Estos porcentajes no reflejan el incremento promedio de los precios que enfrentan actualmente los hogares.
Un IPC intervenido
Antes de detallar cada una de las derrotas —que, para no abrumar, se limitan a diez—, vale advertir sobre la distorsión en la medición de la inflación, que el Gobierno muestra como un triunfo. Milei intervino en el INDEC para impedir que se difundiera el nuevo índice de precios, previsto para principios de este año, que debía reemplazar el indicador vigente, construido sobre la base de la canasta de consumo de 2004, por otro elaborado a partir de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2017/2018.
Los precios relevados por el INDEC no son falsos. La cuestión es que la canasta vigente les asigna más peso a los alimentos y a los bienes, y menos a los servicios, la vivienda, el transporte y las tarifas que el que surge de la estructura de consumo más reciente. Como estos últimos rubros aumentaron muy por encima del promedio durante la gestión de Milei, el índice desactualizado subestima la inflación acumulada. La inflación oficial no refleja la realidad.
El Centro de Economía Política Argentina estimó que la diferencia acumulada desde fines de 2023 entre el índice vigente y el calculado con los ponderadores de la encuesta de 2017/2018 llega a 12,6 puntos porcentuales. Existe además un segundo aspecto todavía más relevante. La canasta de 2017/2018 también quedó desactualizada. El violento cambio de precios relativos producido durante estos dos años y medio modificó la distribución del gasto familiar. Cuando las tarifas, el transporte, los alquileres, la salud y la educación aumentan mucho más que otros bienes, esos rubros absorben una proporción creciente del ingreso, aunque las familias reduzcan consumos o se endeuden. Este cambio forzado en el consumo no aparece reflejado ni siquiera en la canasta elaborada a partir de la encuesta de 2017/2018. La desaceleración de la inflación existe, pero es menor que la proclamada. Además, se obtuvo mediante una combinación de ajuste fiscal, deterioro de ingresos, apertura importadora, atraso cambiario y depresión de la demanda.
Derrota por goleada
El Mundial económico de Milei se disputa en muchos partidos y el Gobierno pierde en casi todos. Estos son sólo diez de esos resultados:
1. Se derrumbó la inversión productiva.
La formación bruta de capital fijo cayó 11,6% interanual en los últimos meses y retrocedió 1,7% respecto del trimestre anterior. La inversión en maquinaria y equipo bajó 18,1% y la destinada a equipos de transporte se desplomó 19,6%. Esto ocurrió en un trimestre en el que el PIB aumentó 2,3% interanual. La economía puede mostrar una variación positiva del PIB por el desempeño de una cosecha agrícola récord, el boom energético de Vaca Muerta y la expansión del negocio en el sector financiero, pero sin inversión no hay aumento de la productividad ni crecimiento económico sostenido.
2. La industria no detiene su caída.
La producción manufacturera disminuyó 5,7% interanual en los últimos meses y acumuló una baja de 3,1% durante los primeros meses del año. Los retrocesos alcanzaron a los sectores textiles, los productos de la metalmecánica, los bienes de capital y la industria automotriz. La industria enfrenta una combinación letal. El consumo interno está debilitado, el crédito es caro, el atraso cambiario reduce la competitividad y la apertura importadora facilita el ingreso de productos terminados que compiten con empresas nacionales sometidas a mayores costos financieros, energéticos y tributarios.
3. La inversión extranjera directa se desplomó.
La Argentina de Milei recibió apenas 3134 millones de dólares de inversión extranjera directa en el último año. La caída fue de 73,1% respecto del año anterior y dejó al país en el noveno puesto entre los principales receptores de capitales productivos de la región. Este dato desarma uno de los núcleos del relato libertario. Milei aprobó el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), ofreció estabilidad tributaria durante treinta años, flexibilizó regulaciones, facilitó el giro de utilidades y proclamó su alineamiento incondicional con el capital. Sin embargo, las inversiones no llegaron.
4. Destrucción récord de empresas.
En los últimos dos años y medio, cerraron 28.262 empresas. La base empresarial que sostiene el empleo formal se achicó. La caída se concentra en las unidades pequeñas y medianas, que tienen menos espalda financiera para soportar meses de ventas deprimidas, tarifas más elevadas y altas tasas de interés reales.
5. El empleo privado formal en picada descendente.
En el mismo período, se perdieron 341.396 empleos formales en el sector productivo privado. Si se agregan otros sectores, como el personal de casas particulares, la pérdida total asciende a 369.663 puestos de trabajo registrados. El modelo liberal-libertario prometía que la reducción del Estado y la desregulación generarían una explosión de empleo privado. Ocurrió lo contrario. El sector privado no absorbió los puestos eliminados en el Estado y, además, destruyó sus propios empleos.
6. Aumentó la desocupación abierta.
La tasa de desempleo era de 5,7% a fines de 2023. Dos años después llegó a 7,5%. El último dato disponible la ubicó en 7,8%. El cálculo del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), dirigido por el economista Claudio Lozano, casi duplica la cifra oficial y ubica la desocupación ampliada en 15,3%, al sumar a los subocupados demandantes, es decir, a las personas que realizan changas o trabajan pocas horas semanales, pero buscan activamente un empleo de tiempo completo.
7. La informalidad laboral alcanzó un máximo histórico.
En los últimos meses, el 44,2% de los ocupados se encontraba en la informalidad. La tasa aumentó 2,2 puntos porcentuales en un año. Además, la subocupación alcanzó el 11,1%. El deterioro laboral no se limita a la cantidad de empleos. Se destruyen puestos asalariados registrados y crecen el monotributo, el cuentapropismo precario, los empleos en plataformas y las ocupaciones sin aportes ni cobertura social.
8. El salario mínimo perdió casi 40%.
El poder adquisitivo del salario mínimo, vital y móvil acumuló una caída de 39,3% entre fines de 2023 y los últimos meses. Su







