Blanqueo para arriba, ajuste para abajo: el 10% más rico paga menos impuestos que la mitad más pobre del país
Mientras ministros, legisladores libertarios y dirigentes cercanos al oficialismo se anotaron en el régimen de “Inocencia Fiscal” impulsado por el propio gobierno de Javier Milei para blanquear dólares y bienes no declarados, en la Argentina —y Entre Ríos no es la excepción— la carga tributaria recae cada vez más sobre quienes menos tienen: el 50% más pobre destina más de un tercio de sus ingresos al pago de impuestos, mientras que el 10% más rico tributa apenas un cuarto de sus recursos. De este modo, la presión sobre gran parte de la sociedad ya es la segunda más alta de América Latina.
Lejos de tratarse de medidas aisladas, las rebajas en Bienes Personales, la reducción de retenciones, los beneficios fiscales para grandes inversiones y los sucesivos blanqueos forman parte de una misma orientación económica: aliviar la carga sobre patrimonios elevados, exportadores y grandes empresas mientras el ajuste se sostiene sobre salarios, jubilaciones, obra pública, provincias y consumo. El resultado es un esquema cada vez más regresivo. Producto de la baja de alícuotas impulsada por el Gobierno, el peso de Bienes Personales en la recaudación cayó de 7,2% en 2023 a apenas 1,5% durante la gestión libertaria. Al mismo tiempo, el Estado depende cada vez más de impuestos al consumo como el IVA, que golpean proporcionalmente más a los hogares de menores ingresos, en un contexto marcado por la caída de la actividad, el empleo y el poder adquisitivo.
La discusión ocurre además en simultáneo con las nuevas exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI). Mientras en distintos países crece el debate sobre cómo gravar mejor a los sectores de mayor riqueza, el organismo reclama para Argentina una reforma tributaria orientada a ampliar la recaudación sobre salarios formales, monotributo, combustibles e impuestos al consumo. En otras palabras, en la era libertaria se afianza un modelo que garantiza menos carga para los de arriba y más presión sobre trabajadores, consumidores y pequeños contribuyentes.
Más impuestos a los más pobres
En un contexto de retroceso sostenido de los ingresos públicos, el sistema tributario argentino está profundizando un sesgo regresivo. Al respecto, el Estado no está dejando de cobrarle a todos por igual, sino que el modelo económico en marcha elige beneficiar a ciertos sectores mientras ajusta a otros. En ese sentido, más del 30% de los ingresos de la mitad más pobre del país se va en pagar impuestos y, en contraste, el 10% más rico solo gasta un cuarto de su ingreso. Con la baja de Bienes Personales y otros beneficios impositivos que promueve la gestión de Javier Milei, sería lógico esperar —además— que esa brecha se agrande.
Sobre ello, por un lado, como resultado de las bajas de alícuotas que llevó a cabo el Gobierno nacional en el marco del blanqueo, el peso de Bienes Personales (grava la riqueza acumulada, y recae sobre menos del 2% de la población con mayor patrimonio) en la recaudación cayó 5,7 puntos (pasó de 7,2% en 2023 a 1,5% en la gestión libertaria). A su vez, a pesar de las buenas cosechas, lo recaudado por impuestos al comercio exterior cayó, por la baja de las alícuotas a los Derechos de exportación (retenciones), sumado a la caída de las importaciones (-37% y -17% abajo en términos reales, respectivamente).
Los datos se desprenden de un informe presentado por el Instituto Argentina Grande (IAG) desde donde analizaron que “la recaudación depende cada vez más del IVA, pero en un contexto de merma por la caída de la actividad”. En esa línea, el peso del IVA sobre la recaudación pasó de 22,8% en 2023 a 24,1% en 2025 en un escenario donde la recaudación tributaria acumuló varios meses consecutivos de caída real y solo en el acumulado de los primeros meses del año registró una disminución real del 5% respecto del mismo período del año anterior.
De hecho, si se compara contra el período anterior, solo creció lo recaudado por el Impuesto a los Combustibles (producto de un aumento de los montos fijos que gravan las naftas por encima de la inflación) y Ganancias, por el aumento de las utilidades de las empresas y de la base imponible de los ingresos de los trabajadores (sumado a la baja base de comparación).
Las consecuencias de este esquema son más que evidentes. “La presión impositiva sobre el 50% más pobre es del 36%, mientras tanto el top 10% tributa 26% de su ingreso”, precisaron desde el centro de estudios. En otras palabras, esto significa que paradójicamente la población de menores ingresos gasta una porción más grande en pagar impuestos que la parte más rica de la sociedad.
Si se compara con el resto de la región, “en Argentina la presión tributaria sobre el 50% más pobre es la segunda más alta de la región (luego de la de Brasil)”, agregaron.
De hecho, un documento de la Plataforma Tributaria Latinoamericana y del Caribe puso el foco recientemente en la baja tributación efectiva de los sectores ubicados en la cima de la distribución y planteó la necesidad de formular propuestas que permitan gravar mejor a quienes concentran mayor riqueza patrimonial y capacidad económica. En ese sentido, se evidenció que la alta concentración de ingresos en América Latina es extrema: el 10% superior capta alrededor del 60% del ingreso nacional regional, mientras el 50% inferior recibe apenas el 7%. A su vez, el 1% superior concentra cerca del 25% del ingreso. Estos niveles ubican a América Latina entre las regiones más desiguales del mundo.
En el caso de Argentina, se indicó que en 2024 el 50% inferior de la población participaba con apenas el 12,2% de la renta nacional antes de impuestos y con solo el 4,5% de la riqueza neta. En el extremo opuesto, el 10% superior concentraba el 45,1% del ingreso y el 60,0% de la riqueza, mientras que el 1% más rico reunía el 18,1% de la renta y el 25,8% del patrimonio.
“Estos datos muestran que la concentración patrimonial es aún más profunda que la desigualdad de ingresos, lo que refuerza la necesidad de discutir una reforma tributaria orientada a gravar la riqueza acumulada y no a profundizar la carga sobre el consumo, el salario y los pequeños contribuyentes”, evaluaron desde el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP).
La reforma que exige el FMI
El nuevo Staff Report del FMI sobre Argentina avanzó también sobre la exigencia de una reforma tributaria en el país. “Bajo el argumento de ‘ordenar’ el sistema, alivian la carga a los patrimonios, exportadores y grandes inversiones, mientras amplían impuestos sobre salarios, consumo, monotributo e impuestos internos”, señaló un documento del IPYPP.
En concreto, el organismo internacional de crédito propuso recaudar 3,3% del PBI, pero no sobre los sectores de mayor capacidad contributiva sino que el ajuste recaería sobre IVA, Impuesto a las Ganancias personales a asalariados, monotributo, combustibles y tabaco.
En el caso de Ganancias, se pretende que pague al menos el 20% de los asalariados formales. Para eso, el piso debería bajar a un sal







