Argentina vs. Inglaterra: por qué no es un simple partido de fútbol
(Regional 97.3) La selección argentina venció a Suecia por 3 a 1 en tiempo suplementario, con arbitraje del portugués João Pinheiro, y avanzó a las semifinales del Mundial. El encuentro, disputado en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, clasificó al equipo dirigido por Lionel Scaloni entre los cuatro mejores del torneo. Julián Álvarez anotó el gol que rompió el empate en el tiempo extra, y Lionel Messi participó activamente en la jugada que desató el festejo popular. Argentina enfrentará ahora a Inglaterra en la siguiente instancia.
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El pitido final desató el festejo popular en las calles y casas argentinas. Durante unos instantes, toda la atención estuvo puesta en la clasificación, en el gol épico de Julián Álvarez, el abrazo de los jugadores, la emoción de Messi, y la ilusión de volver a disputar una final a cuatro años de Qatar. Pero el foco de la escena cambió rápidamente al caer en la cuenta de quién sería el próximo rival: Inglaterra. Ese nombre, con su peso y su significado, desplazó la conversación del rendimiento de la Selección, la estrategia de juego o los posibles cambios de Scaloni, para enfocarse en otra cosa: una emoción difícil de explicar, una sensación individual y colectiva al mismo tiempo, que millones de argentinos parecieron experimentar al mismo tiempo.
El debate se trasladó a los medios, a la conferencia del DT argentino y a las conversaciones cotidianas: ¿por qué es imposible vivir un Argentina-Inglaterra como si fuera un partido de fútbol? Quienes sostienen que “es solo fútbol” recuerdan que los jugadores no combatieron en Malvinas ni habían nacido en 1982, que una semifinal no es una revancha bélica y que el deporte no debería hacerse cargo de conflictos geopolíticos. Sin embargo, esa explicación racional choca con dos hechos: una euforia conmovedora y movilizante imposible de ignorar, y la actualidad de un territorio que sigue ocupado y una disputa diplomática abierta.
El sociólogo francés Pierre Bourdieu sostenía que ningún juego o deporte se explica únicamente por sus reglas, sino que deben entenderse también en clave afectiva. Desarrolló el concepto de illusio, la creencia compartida de que aquello que está en juego realmente importa, vale la pena. Un concepto que se contrapone a las nociones contemporáneas de utilidad, provecho y beneficio propias de las doctrinas económico neoliberales.
La Federación de Veteranos de Guerra de Malvinas “2 de Abril” emitió un comunicado dirigido a la sociedad, a los medios y a la dirigencia política. El texto reconoce la emoción que despierta ver a la Selección entre los cuatro mejores del mundo, pero introduce una reflexión que trasciende el resultado deportivo: “El deporte no es la guerra”. A partir de esa premisa, los veteranos rechazan convertir el partido frente a Inglaterra en una revancha bélica y sostienen que el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas debe exigirse por la vía diplomática, como establece la Constitución Nacional. Al mismo tiempo, el documento reivindica que el fútbol siga siendo un espacio donde la causa Malvinas permanezca viva, pide a los hinchas que el grito de “Malvinas Argentinas” siga escuchándose en los estadios, invita a que el partido sirva para “malvinizar” y mantener viva la memoria de los 649 caídos y recuerda que la historia no queda suspendida mientras dura un partido.
Maurice Halbwachs sostenía que la memoria nunca pertenece exclusivamente a los individuos. Recordamos como miembros de una comunidad que selecciona determinados acontecimientos o momentos, los vuelve significativos, los relaciona y los transmite de generación en generación a través de relatos, símbolos, rituales y conmemoraciones. El partido será el despertar de un acontecimiento cuya historia empezó mucho antes de que estos jugadores nacieran y que probablemente siga produciendo debates mucho después del silbato final, sea el resultado que sea. Junto con la Mano de Dios, el Gol del Siglo y la infancia de quienes fueron testigos de aquellas maravillas, también aparecerán los recuerdos de Malvinas, el reclamo por la soberanía, los nombres de los soldados que murieron en las islas, el hundimiento del Belgrano, la relación conflictiva con el Estado, la situación actual de los veteranos y una discusión inconclusa que sigue atravesando la identidad nacional.
La causa Malvinas constituyó uno de los pocos consensos transversales de la política argentina desde la recuperación democrática, sostenido por gobiernos de distinto signo y respaldado por el derecho internacional. La admiración que el presidente Javier Milei expresó públicamente por Margaret Thatcher y el lugar cada vez más marginal que el reclamo ocupa en la agenda del Gobierno introdujeron un cambio de clima y un problema de soberanía. No modificaron la posición jurídica de la Argentina ni el consenso internacional que reconoce la existencia de una disputa, pero alteraron el modo en que el Poder Ejecutivo se vincula simbólicamente con una de las causas más arraigadas de la identidad nacional.
La memoria colectiva se inscribe en los cuerpos y se manifiesta como una aceleración del pulso, una tensión difícil de explicar, ansiedad y nerviosismo extremo, una emoción que irrumpe. Por todo esto, Argentina – Inglaterra nunca será solamente un partido de fútbol.







