Vejeces activas: resistencia y organización frente al caos contemporáneo

Vejeces activas, resistencia y organización frente al caos contemporáneo


El Tercer Encuentro Nacional del Movimiento Federal Revolución de las Viejas tuvo lugar del 18 al 20 de septiembre en Mar del Plata. “El movimiento surgió durante la pandemia. Es horizontal, en consenso y su eje fundamental es trabajar la Convención Interamericana de los Derechos del Adulto Mayor. Estamos en diferentes territorios y cada uno de ellos se va dando su forma organizativa y acciones para trabajar las vejeces del siglo XXI”, dijo a AIM una de las voceras, María Julia Giusto.

El lema “Habitar el Caos” fue elegido “porque estamos atravesadas por el contexto de esta sociedad actual del siglo XXI del empobrecimiento, la soledad no elegida, la quita de derechos, y más que nunca aparece la vulnerabilidad de la tercera edad en esta sociedad capitalista”.

Uno de los aspectos centrales del encuentro desarrollado en Mar del Plata, “fue firmar adhesión para que en Buenos Aires surja la Ley provincial del Edadismo”.

Giusto recordó que en 2023, “como parte del Movimiento Federal de las Viejas tuvimos una ordenanza acerca del edadismo”.

En el Manifiesto Federal del Movimiento de la Revolución de las Viejas, señaló la referente, se expresa que: “Somos mujeres viejas que formamos parte del campo nacional y popular feminista y transfeminista. No negamos la historia, nos pertenece a todas; resignificamos las vejeces para nosotros y los que vendrán. Seguimos construyendo un movimiento federal, autogestivo, autónomo y respetuoso de las diversidad regionales, en articulación con todas las organizaciones, actores sociales, que coincidan con nuestros objetivos”.

“Queremos propiciar el intercambio intergeneracional, proponer, diseñar y decidir en las políticas públicas para tener una participación activa, hacer valer nuestra voz, y no que hablen por nosotras. Ser guardianas y difusoras de los derechos adquiridos por la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (Cipddhhpm), adoptados en la Organización de los Estados Americanos (OEA) y aprobada por el Congreso de la Nación Argentina en 2017, con Ley 27.760, dándole jerarquía institucional el 2 de diciembre de 2022; materializada en la Ley 27.700 artículo 75 inciso 22, y ser propositivas de los derechos a conquistar”.

Giusto remarcó: “Somos defensoras del buen vivir y buen morir, incluyendo los cuidados integrales de las personas mayores, respetando la autonomía y dónde y con quién quieren vivir. Estamos a favor del cuidado del medio ambiente, de poder manifestarnos sin sufrir, sin ningún tipo de violencia y de tener un Estado presente a favor de todos los derechos humanos. Nos proponemos al extractivismo, al negacionismo, la discriminación de las diversidades culturales, étnicas, religiosas, políticas, geográficas, sexuales, de clase social y la aprorofobia: rechazo, miedo, odio y aversión a los pobres”.

Documento del Tercer Encuentro Federal
El Movimiento Federal Revolución de las Viejas es un colectivo de reflexión, producción, intercambio y acción en torno a las vejeces, construido desde una perspectiva de derechos humanos, comunitaria, feminista y posicionado política y socialmente. Militamos por nuestros derechos, por el reconocimiento como sujetas políticas y por la construcción de condiciones de vida dignas, con autonomía, participación y acceso efectivo a derechos. Desde nuestra mirada feminista sostenemos que no puede existir una verdadera justicia social si no se elimina la opresión de género.

Porque existen múltiples vejeces atravesadas por desigualdades económicas, sociales, culturales, territoriales, educativas, étnicas y de género, nos interesa trabajar sobre las condiciones materiales y simbólicas en que se envejece hoy: los ingresos, la salud, el acceso a medicamentos, los cuidados, la vivienda, el acceso a la justicia, la participación social, las violencias, las desigualdades de género y la persistencia de miradas que nos infantilizan, desvalorizan o silencian. Pero también nos interesa producir otra conversación sobre las vejeces: una conversación que no nos reduzca a pérdida, deterioro o pasividad, sino que nos piense como parte de la vida social, comunitaria y política, con toda su diversidad, sus conflictos y sus potencias.

Nuestras luchas se nutren de múltiples trayectorias, experiencias y tradiciones de organización popular, feminista,sindical,comunitaria y de derechos humanos. En ese camino, la Cipddhhpm constituye un marco de referencia que fortalece nuestras demandas y que nos reconoce como sujetas plenas de derechos y promueve nuestra autonomía, participación, igualdad y dignidad.

Portamos saberes, experiencias, memorias y capacidades construidas a lo largo de toda una vida. Reivindicamos nuestro derecho a participar, decidir, crear, aprender, enseñar, cuidar y ser cuidados en condiciones de igualdad y dignidad. Entendemos que no existe una única manera de envejecer.

Reconocer esa diversidad es imprescindible para construir sociedades más justas e inclusivas.

Seis nudos urgentes para pensar las vejeces hoy.
a) Ingresos insuficientes y empobrecimiento de las personas mayores. La situación actual de las vejeces no puede pensarse por fuera del contexto político y económico. Las políticas de ajuste, el peso de la deuda externa y las decisiones económicas que priorizan el pago de obligaciones financieras por sobre la inversión social reducen la capacidad del Estado para garantizar derechos. Sus consecuencias recaen con especial fuerza sobre nosotras, a través del deterioro de los ingresos, el acceso a la salud, los medicamentos, la vivienda, los cuidados y otras condiciones indispensables para una vida digna.

El deterioro del poder adquisitivo de jubilaciones y pensiones, el aumento del costo de vida, el encarecimiento de alimentos, servicios y medicamentos, la incertidumbre en el acceso a prestaciones, el debilitamiento de políticas públicas y la creciente mercantilización de derechos impactan de manera directa sobre la vida cotidiana de las vejeces. Envejecer en este contexto no significa sólo tener menos ingresos. Significa vivir con menos margen para decidir, con más dificultades para sostener tratamientos, con mayores obstáculos para acceder a la salud, a la vivienda, a los cuidados y a la participación. También significa quedar más expuestas/os a la soledad, al desgaste, a la dependencia económica y a la desprotección institucional.

La pobreza en la vejez no puede ser tratada como un dato económico aislado: es una forma concreta de pérdida de libertad, de deterioro de la salud y de vulneración de derechos.

b) La salud es mucho más que la ausencia de enfermedad. Incluye la autonomía, los vínculos, la participación social, la vivienda adecuada, la accesibilidad, la movilidad, la afectividad, la sexualidad y el acceso efectivo a los derechos.

Entendemos la salud como parte del derecho al “Buen vivir”. Promovemos una salud comunitaria que nos reconozca como sujetos activos y protagonistas de nuestro bienestar. Entendemos que la salud se construye colectivamente en los vínculos, la participación, los cuidados y el ejercicio efectivo de los derechos. Reconocemos que las condiciones de envejecimiento están profundamente vinculadas a los territorios donde vivimos. Por ello promovemos respuestas comunitarias situadas, construidas a partir de las necesidades, recursos, saberes y características de cada comunidad. La diversidad de las vejeces requiere políticas públicas y acciones comunitarias capaces de reconocer las particularidades de cada territorio, fortaleciendo redes de apoyo, participación y cuidado.

c) Cuidados, sobrecarga y dependencia. Reivindicamos el derecho a cuidar y a ser cuidados con dignidad. Reconocemos el enorme aporte que realizan millones de mujeres en las tareas de cuidado de familiares, amistades y comunidades.

Exigimos políticas públicas que reconozcan, valoren y acompañen estas tareas. Los cuidados deben construirse desde la corresponsabilidad social y comunitaria.

La autonomía no significa ausencia de apoyos. Significa que toda ayuda debe respetar la voluntad, la dignidad y los derechos de cada persona. Los sistemas de cuidados forman parte de las condiciones necesarias para garantizar una longevidad con justicia social y una vida digna para todas las personas.

d) Viejismo, aislamiento y pérdida de voz. Rechazamos toda forma de discriminación basada en la edad. El viejismo limita oportunidades, invisibiliza capacidades y vulnera derechos. No somos una carga social, somos protagonistas presentes y futuras de nuestras comunidades. Una sociedad que aspira al Buen Vivir necesita reconocer el aporte social, cultural, político y económico de las personas mayores y garantizar su participación en igualdad de condiciones.

Las Viejas tenemos derecho a participar plenamente en la vida cultural, educativa, política, social y comunitaria. Nuestra experiencia constituye un recurso valioso para la construcción de sociedades más democráticas, solidarias y humanas.La participación no es un privilegio. Es un derecho.

Reivindicamos nuestra participación efectiva en el diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas que afectan nuestras vidas.

Nada sobre las Personas Mayores sin las Personas Mayores. Queremos hacer valer nuestra voz y no que otros hablen por nosotros.

e) Derechos, justicia y acceso real. El acceso a la justicia debe pensarse como acceso real a derechos, no alcanza con que exista una ley o un procedimiento si las personas mayores no podemos sostener el camino para hacerlo valer. El acceso a la justicia incluye acceso a jubilación y pensión, salud y medicamentos, vivienda, cuidados, denuncia de violencias, orientación y acompañamiento.

Muchas Viejas no reclaman porque no tienen dinero para viajar, no saben dónde ir, no entienden el trámite, no manejan herramientas digitales, están cansadas, enfermas o desanimadas, o no tienen quién las acompañe. La Convención Interamericana es una herramienta, pero todavía está lejos de la vida cotidiana: muchos no la conocen, aún siendo profesionales, operadores judiciales, abogadas/os y funcionarias/os que no la leen o no la aplican.

La justicia no empieza en el expediente; empieza mucho antes, en la posibilidad real de llegar, entender, reclamar y sostener un derecho. Sin condiciones materiales para ejercerlos, los derechos se vuelven promesas vacías. La justicia social requiere políticas públicas sostenidas que hagan posible una longevidad digna para todas las personas.

f) La organización de las Viejas. Feminismos Populares. En nuestros territorios existe, pero no siempre se nombra de ese modo ni se da en los espacios más visibles. Aparece en centros de jubiladas/os, en redes comunitarias, en organizaciones barriales, en espacios de salud, en grupos de formación, en universidades, en organismos de derechos humanos, en sindicatos y en articulaciones informales construidas alrededor de necesidades concretas. El desafío no es sólo convocar a más personas, sino construir organización con densidad política, accesibilidad y arraigo territorial. Para eso es necesario reconocer que muchas mujeres mayores no llegan a los espacios desde el lenguaje feminista, ni se nombran de entrada como sujetas políticas. También es necesario reconocer que la participación está condicionada por ingresos, transporte, salud, tiempos de cuidado, conectividad y experiencias previas de maltrato o desvalorización.

Las Viejas del Mfrlv aspiramos a construir comunidades donde el Buen Vivir, la justicia social y la longevidad sean derechos compartidos y no privilegios de unos pocos. Sabemos que ese horizonte sólo puede alcanzarse fortaleciendo la organización colectiva y la participación en las decisiones que afectan nuestras vidas.

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