La masonería y su gran influjo político en la construcción de Entre Ríos
La masonería tuvo un papel político e institucional relevante en la historia entrerriana y su influencia puede rastrearse en la educación, la secularización de las instituciones, la organización del Estado y en algunas de las principales figuras políticas de la provincia. Lejos de reducirse a una disputa religiosa con la Iglesia, su presencia estuvo vinculada a la construcción de un modelo de sociedad que luego quedó plasmado en las constituciones y en las instituciones modernas.
La historia de la masonería en Entre Ríos se remonta, al menos, a 1822, mucho antes de que algunas de sus figuras más conocidas se incorporaran a sus filas. Su desarrollo tuvo uno de sus principales centros en Concepción del Uruguay y acompañó buena parte de los procesos políticos que atravesaron la provincia durante el siglo XIX.
La influencia masónica no se expresó únicamente en la pertenencia de determinados dirigentes a las logias. También estuvo presente en ideas y proyectos vinculados con la educación pública, la libertad de conciencia, la secularización de determinadas instituciones y la construcción de un Estado con mayor autonomía respecto del poder eclesiástico.
Uno de los casos más particulares fue el de Justo José de Urquiza, quien alcanzó el grado 33 de la masonería y, al mismo tiempo, mantuvo una relación estrecha con la Iglesia católica y con el papa Pío IX. Esa doble pertenencia constituye uno de los episodios más singulares de la historia política entrerriana y permite observar que la relación entre masonería e Iglesia no puede ser explicada únicamente desde la idea de una confrontación permanente.
La Iglesia consideró históricamente a la masonería como un adversario, fundamentalmente porque muchos de los postulados masónicos cuestionaban privilegios eclesiásticos y promovían una mayor separación entre las instituciones religiosas y el Estado. Sin embargo, la masonería no necesariamente planteó a la Iglesia como su enemiga, sino que disputó espacios de poder y promovió transformaciones en la organización política y social.
En ese contexto, la figura de Urquiza adquiere una dimensión política central. Su condición de masón y católico le permitió moverse entre dos ámbitos que frecuentemente aparecían enfrentados y utilizar esas relaciones en función de un proyecto político más amplio.
Esa dualidad se expresó en decisiones trascendentes. Durante su conducción política se impulsó la creación de la diócesis de Paraná en 1859, al mismo tiempo que se desarrollaron iniciativas vinculadas con una concepción educativa y estatal que se alejaba del monopolio de la Iglesia sobre determinados ámbitos de la vida pública.
También tuvo importancia la dimensión internacional de esa estrategia. Los vínculos de Urquiza con sectores de la Iglesia y particularmente con el Vaticano formaron parte del entramado político que buscó consolidar el reconocimiento del gobierno de la Confederación Argentina. En ese proceso, Juan Bautista Alberdi tuvo un papel destacado como negociador ante las potencias europeas.
La singularidad de Urquiza también quedó reflejada en la propia memoria de la Iglesia. En una publicación realizada con motivo del 50° aniversario de la creación del Obispado del Litoral se reconocía su condición de masón y se vinculaba esa pertenencia con las posibilidades que tuvo de alcanzar y ejercer el poder político.
El Colegio del Uruguay y la construcción de una dirigencia
Uno de los principales ejemplos de la influencia política de las ideas masónicas en Entre Ríos fue el Colegio del Uruguay, creado por iniciativa de Urquiza en Concepción del Uruguay.
La institución fue mucho más que un establecimiento educativo. Se convirtió en un espacio de formación de dirigentes y estuvo asociada a una concepción de la educación pública, gratuita y no confesional.
En ese sentido, el Colegio del Uruguay puede ser leído como parte de un proyecto político que buscaba formar una nueva dirigencia para el Estado argentino. La educación aparecía como una herramienta fundamental para transformar la sociedad y reducir la influencia exclusiva de las instituciones religiosas sobre la formación de las nuevas generaciones.
La masonería entrerriana tuvo en Concepción del Uruguay uno de sus principales núcleos y sus postulados encontraron allí un terreno particularmente fértil. El vínculo entre educación, ciudadanía, republicanismo y construcción institucional fue uno de los ejes de esa presencia.
La influencia masónica, por lo tanto, no se limitó a las logias. También se manifestó en debates que terminaron atravesando las leyes, las constituciones y las instituciones públicas.
El Estado frente al poder de la Iglesia
Otro de los terrenos donde la disputa política se hizo visible fue el de los cementerios. Durante buena parte del siglo XIX, la Iglesia tenía una fuerte incidencia sobre estos espacios y determinadas prácticas estaban condicionadas por criterios religiosos. La secularización de los cementerios constituyó, por eso, una cuestión política de primer orden.
Eduardo Racedo, otro dirigente vinculado a la masonería, intervino en ese proceso desde el gobierno provincial. La decisión de quitarle a la Iglesia el manejo de los cementerios formó parte de una transformación más amplia que buscaba colocar bajo la órbita estatal cuestiones que hasta entonces habían estado fuertemente vinculadas con la autoridad religiosa.
El conflicto no era solamente administrativo. También involucraba la libertad de conciencia y el reconocimiento de derechos civiles para personas pertenecientes a distintos credos.
La existencia de cementerios que no admitían a personas de otras confesiones mostraba hasta qué punto la religión atravesaba ámbitos que progresivamente comenzarían a ser considerados propios de la esfera civil.
Racedo y la construcción de la Catedral
La trayectoria de Racedo presenta, nuevamente, una paradoja que caracteriza a la historia entrerriana. Un dirigente vinculado a la masonería fue, desde el gobierno provincial, uno de los protagonistas de la construcción de la Catedral de Paraná.
La propia arquitectura del templo ha sido interpretada desde una perspectiva que encuentra elementos vinculados con la simbología masónica, particularmente en su cúpula, cuya forma ha sido comparada con la de edificios civiles de tradición clásica.
La contradicción resulta significativa porque muestra que la presencia masónica no implicaba necesariamente una oposición absoluta a la construcción de instituciones religiosas. El conflicto estaba principalmente relacionado con quién debía ejercer el poder sobre la sociedad y qué lugar debía ocupar la religión dentro del Estado.
La historia de Racedo volvió a cruzarse con la Iglesia casi un siglo después, cuando el gobernador Sergio Montiel solicitó al cardenal Estanislao Karlic el traslado de sus restos desde el cementerio de la Recoleta. Los restos fueron finalmente ubicados en el atrio de la Catedral, mientras que dentro del templo se encuentran los restos de Adolfo Tortolo, una figura cuestionada por su actuación durante la última dictadura.
Nicasio Oroño y la disputa política
La presencia masónica también se manifestó en los enfrentamientos políticos que protagonizaron dirigentes liberales y referentes de la Iglesia.
Uno de esos casos fue el enfrentamiento entre el obispo José María Gelabert y Crespo y Nicasio Oroño, dirigente identificado con las corrientes liberales y con la masonería.
El episodio permite observar que la disputa no se reducía a cuestiones doctrinarias. En el fondo se debatía un modelo de organización social y política: el alcance de la autoridad eclesiástica, la autonomía del Estado, la educación y los derechos civiles.
Desde esa perspectiva, la masonería fue uno de los espacios desde los cuales se canalizaron ideas que buscaban modificar la estructura de poder heredada de la etapa colonial.
Una influencia que terminó incorporada al Estado
Una de las lecturas de la pérdida de protagonismo político de la masonería puede entenderse, en buena medida, como consecuencia del éxito de muchas de las ideas que históricamente había defendido.
La secularización del Estado, la educación pública, la libertad de conciencia, la igualdad jurídica y la separación entre las instituciones religiosas y civiles fueron incorporándose progresivamente a las constituciones y a las instituciones modernas.
Por eso, la masonería perdió parte de su poder cuando muchas de sus reivindicaciones dejaron de ser objetivos exclusivos de las organizaciones masónicas y pasaron a formar parte del funcionamiento ordinario del Estado.
La masonería, en ese sentido, habría perdido poder porque perdió parte de su razón política de ser. Buena parte de aquello por lo que había disputado durante décadas quedó institucionalizado. Eso no significó su desaparición. La existencia de masones y logias continuó, pero su incidencia dejó de tener el mismo peso político que había alcanzado durante la etapa de construcción del Estado.
En Entre Ríos, esa historia dejó una huella particularmente profunda. La masonería estuvo vinculada a dirigentes que ocuparon los principales espacios de poder, participó de los debates sobre la organización institucional de la provincia, impulsó una determinada concepción de la educación y acompañó el proceso de secularización que modificó la relación entre el Estado y la Iglesia.
Más que una historia de sociedades secretas enfrentadas a la Iglesia, la experiencia entrerriana muestra a la masonería como parte de las disputas políticas que acompañaron la construcción del Estado moderno. Y en esa trama, figuras como Urquiza, Racedo y Oroño permiten reconstruir cómo las ideas masónicas atravesaron la política provincial y contribuyeron a definir buena parte de las instituciones que todavía forman parte de la vida pública entrerriana.
Por: Renzo Righelato, director periodístico de AIM.







