Javier Milei's Governance Makes Argentina the Worst Country Today

La gestión de Javier Milei convierte a Argentina en el peor país actual

La economía basada en las evidencias muestra un resultado innegable: los países que lograron desarrollarse o están en ese camino tienen una base industrial consolidada, dinámica y en la frontera tecnológica. En Entre Ríos, esa realidad se siente en cada pueblo y ciudad, donde el tejido industrial siempre fue motor de desarrollo, pero hoy enfrenta una tormenta perfecta que pone en jaque la producción y el empleo local. Es una idea simple de entender, pero que ha sido distorsionada en el debate político y económico en Argentina desde el mismo momento en que comenzó su proceso de industrialización. Factores internos y externos intervinieron, desde mediados de la década del ’70, para debilitar una economía industrial pujante hasta llegar al triste presente.

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Hoy, el presidente Javier Milei, en este tema y también en otros sobre el funcionamiento de la economía, es el exponente más notable de la ignorancia al servicio de la confusión general, con un saldo terrible: condenar al país al atraso económico y, en consecuencia, a la pauperización de la mayoría de la población. Para los entrerrianos, que viven de la producción agroindustrial, la metalmecánica, la madera y el turismo, esta política no es un debate abstracto: se traduce en menos trabajo, más incertidumbre y el cierre de pymes que sostenían a familias enteras.

La destrucción del entramado industrial, en estos años de gestión liberal-libertaria, impresiona por la velocidad y profundidad en comparación con otros ciclos de la derecha avanzando en la desindustrialización. Cuando cae una empresa industrial o reduce su actividad, con menos turnos y producción, provoca el retroceso de cada uno de los eslabones hacia atrás y hacia adelante de la cadena. El drama es generalizado en términos productivos y sociolaborales, y en nuestra provincia se siente con fuerza: desde las fábricas de maquinaria agrícola de la región núcleo hasta los frigoríficos del sur entrerriano, todos están en la cuerda floja.

Focos de resistencia en la academia

En un contexto global en el cual la industria vuelve a ocupar un lugar central en el escenario internacional, la Argentina de Milei va a contracorriente. Pese al predominio en el espacio público de una dirigencia política y empresarial retrógrada, aparecen espacios de resistencia para disputar el sentido común dominante en materia económica. En Entre Ríos, universidades como la UNER o la UADER vienen impulsando debates y estudios que buscan poner en valor el rol de la industria regional, aunque sin el apoyo de las políticas nacionales.

Uno de esos espacios es el flamante Observatorio Industrial Latinoamericano (OBILA), una iniciativa académica conformada por investigadores de distintos países de América Latina, radicada en el Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. La dirección y coordinación están a cargo de Alan Cosentino Gattone. En la presentación de su primer informe explica que la creciente competencia tecnológica entre las grandes potencias, las tensiones comerciales, la transición energética, la reorganización de las cadenas globales de producción y la disputa por recursos estratégicos han reabierto discusiones que, durante años, parecían relegadas.

El documento destaca que el papel del Estado en el desarrollo, la importancia de las capacidades productivas nacionales y la necesidad de construir estructuras económicas menos dependientes y más complejas se instalan en la nueva agenda global. Además, advierte que, en este marco, organismos históricamente asociados a enfoques más orientados al libre comercio, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, han comenzado a reconocer en los últimos años el renovado protagonismo de las políticas industriales. Para Entre Ríos, esa discusión es urgente: sin un Estado que impulse la industrialización de materias primas, la provincia sigue atada a la exportación de granos y carnes sin valor agregado.

¿Qué pasa en América Latina?

El proceso de desindustrialización no es exclusivo de Argentina, sino que es una tendencia en la región, pero ninguno de los países registra un ciclo tan negativo. El informe del OBILA apunta que América Latina continúa perdiendo peso industrial en la economía mundial. La región atraviesa un proceso persistente de pérdida de capacidades manufactureras. Entre 2015 y 2025, registró la peor evolución del Valor Agregado Manufacturero (VAM) per cápita entre las principales regiones del mundo, con una caída promedio anual de 1,82%. Como resultado, la participación regional en el VAM mundial se redujo de 6,7% a 4,6%.

“Este desempeño se produjo en un contexto de bajo crecimiento económico, especialización productiva y debilitamiento de las actividades manufactureras. Al mismo tiempo, contrasta con el renovado protagonismo que la política industrial ha adquirido en distintas economías desarrolladas y emergentes”, afirma el reporte. Los economistas del OBILA plantean que América Latina enfrenta un doble desafío: revertir el prolongado estancamiento económico en el que ingresó tras el fin del boom de las commodities –entre 2014 y 2023, la región registró un crecimiento promedio anual de apenas 0,9%, cerrando una nueva década perdida, desempeño que resultó incluso inferior al de la década perdida de los años ochenta– y establecer estrategias de desarrollo capaces de lograr un crecimiento sostenible de su economía y que al mismo tiempo puedan mejorar la desigualdad estructural que enfrenta. En las últimas décadas, muchas economías latinoamericanas experimentaron procesos de desindustrialización relativa, una creciente especialización en actividades primarias y una fuerte dependencia externa.

La peor de todas

Argentina registra el deterioro industrial más pronunciado. Entre 2015 y 2025, la producción manufacturera acumuló una caída de 12,2%, siendo el país de peor desempeño de la región. En los últimos dos años, la utilización de la capacidad instalada permaneció en niveles reducidos y la mayoría de los sectores industriales enfrentó retrocesos productivos. En Entre Ríos, el impacto es directo: la actividad industrial provincial, que ya venía golpeada por la sequía y la recesión, se contrajo aún más, con sectores como el metalmecánico y el textil operando al 50% de su capacidad.

La caída del Valor Agregado Manufacturero no necesariamente implica una disminución idéntica en los niveles de producción física industrial. Mientras el VAM refleja el valor económico generado por la manufactura, es decir, el aporte neto de la industria al conjunto de la economía, el Índice de Producción Manufacturera mide la evolución del volumen producido. De esta manera, puede ocurrir que determinados países mantengan o incluso incrementen sus niveles de producción industrial, pero con menor generación de valor agregado local. En este sentido, si se tiene en cuenta la variación en el Índice de Producción Física entre los distintos países de la región, nuevamente entre 2015 y 2025, Argentina fue el país donde más cayó la producción manufacturera, con una disminución de 12,2%, seguida por Brasil, con una caída de 1,2%.

El informe del OBILA apunta que Argentina fue el país que más retrocedió en el valor agregado manufacturero per cápita a lo largo de la última década (excluyendo a Haití y Cuba). Lo mismo sucede si se considera la variación del Índice de Producción Manufacturera y ese retroceso se profundizó en los últimos dos años. Comparada con el resto de América Latina, la industria manufacturera argentina exhibió una dinámica particularmente desfavorable en el período 2023-2025: fue el país de la región que registró la mayor caída de la producción manufacturera, con una contracción acumulada del 7,91%, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial.

El informe sentencia que ya son 14 años en los que Argentina no puede superar el pico histórico del PIB industrial de 2011, ubicándose en un nivel equivalente al 82% de aquel, aún por debajo del registrado tras la crisis de 2009 y retrocediendo a niveles previos a 2007. Para los trabajadores y empresarios de Entre Ríos, esto significa que la recuperación industrial sigue siendo una quimera.

El largo camino hacia el atraso y la dependencia

El dato que ofrece la investigación del OBILA es demoledor: el PIB industrial per cápita a pesos constantes de 2004 muestra que Argentina produce hoy menos manufactura por habitante que hace medio siglo. Con base en el pico de 1974, ese máximo volvió a aproximarse en 2011 y desde entonces inició un declive sostenido. Y la participación de la industria manufacturera en el PIB a valores corrientes cayó del 33,2% en 1976 al 13,6% en 2025, configurando medio siglo de desindustrialización. En la provincia, esa caída se refleja en el cierre de plantas históricas, como las de la industria del mueble en el centro entrerriano o las fábricas de insumos para el campo en el norte.

Explica que la diferencia entre la desindustrialización de los países centrales y la de Argentina radica en que, en los primeros, la industria pierde participación relativa debido al mayor dinamismo de los servicios de alta productividad, mientras que en Argentina la pérdida de peso industrial se produce en un contexto de retroceso absoluto de la producción manufacturera per cápita y de reprimarización de la estructura económica, crecientemente orientada hacia los commodities y las actividades financieras.

La descripción de lo que está sucediendo en la industria durante los años de Milei es desoladora. Empresas de sectores como neumáticos, siderurgia, automotriz, electrónica de consumo, línea blanca, maquinaria agrícola, alimentos y textiles registraron cierres de plantas, caída de producción, concursos preventivos o reducción de personal, mientras que en varios casos se observa una reconversión desde esquemas de producción local hacia modelos basados crecientemente en importaciones. En Entre Ríos, eso se traduce en que muchas pymes ya no compiten con productos importados más baratos, sino que directamente desaparecen.

Pese a este panorama crítico, los economistas del OBILA mencionan que el escenario mundial actual abre nuevas oportunidades para la región

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