Autopartista que proveía a General Motors cerró su planta en Santa Fe luego de 30 años de actividad
La empresa autopartista Adient anunció el cierre de su planta en la localidad santafesina de Pueblo Esther, una decisión que implicará el despido de 70 trabajadores en los próximos meses y que vuelve a exponer la situación que atraviesa el entramado industrial vinculado al sector automotor en Argentina. La compañía producía los asientos para el modelo Chevrolet Tracker ensamblado por General Motors en su planta de Alvear, en las afueras de Rosario, donde también se vienen aplicando recortes de producción y programas de retiros voluntarios. Esta situación golpea de cerca a la región entrerriana, donde muchas pymes y talleres metalmecánicos dependen de la cadena de proveedores automotrices del cordón industrial rosarino.
El cierre se produce en un contexto de menor actividad industrial y retracción del mercado interno, dos variables que afectan de manera directa a las empresas proveedoras de piezas y componentes. Las terminales automotrices sostienen parte de su producción a través de exportaciones, especialmente a Brasil, pero el menor nivel de ventas domésticas y la reorganización de esquemas productivos impactan sobre las firmas autopartistas, que dependen de contratos específicos y volúmenes estables de fabricación. En Entre Ríos, sectores como la metalurgia y la fabricación de autopartes ya vienen sintiendo el enfriamiento de la demanda y la incertidumbre sobre el futuro de la industria.
Adient, que se presenta como líder mundial en fabricación de asientos para vehículos, cuenta con unos 85.000 empleados distribuidos en 238 plantas de 34 países. La compañía informó que el cierre responde a una estrategia de reorganización global, aunque la decisión se inscribe en un escenario local marcado por la desaceleración económica y la caída de actividad en distintos sectores manufactureros.
De crisis en crisis
La planta santafesina ya había atravesado procesos de reducción de personal hace algunos años, cuando pasó de 230 a 204 empleados mediante retiros voluntarios. Con el cierre definitivo, dejará de operar completamente en el país. La situación golpea además a una región donde la actividad metalmecánica y automotriz viene mostrando dificultades sostenidas desde el año pasado, con suspensiones, menor utilización de capacidad instalada y caída de proveedores vinculados a las terminales. En provincias como Entre Ríos, que comparten un entramado productivo integrado con Santa Fe, la noticia enciende alarmas entre los trabajadores y los empresarios del sector.
En los últimos meses, la situación se volvió insostenible para la empresa, a partir de las políticas económicas del gobierno libertario que profundizó un esquema de ajuste basado en la reducción del gasto público, la liberalización de precios y la apertura comercial, medidas que impactaron sobre el consumo interno y la actividad industrial. Las tasas de interés elevadas, el encarecimiento de costos productivos y la caída del poder adquisitivo redujeron las ventas en distintos segmentos del mercado automotor, mientras las empresas buscaron ajustar estructuras y reducir costos laborales frente a una demanda más débil.
El sector autopartista ya venía advirtiendo sobre las dificultades derivadas de la caída de producción nacional y del aumento de importaciones de piezas terminadas. Las empresas locales enfrentan además mayores costos financieros y dificultades para sostener niveles de inversión en un escenario de volatilidad cambiaria y retracción económica. En ese marco, el cierre de una planta proveedora de una terminal internacional vuelve a encender señales de alerta en sindicatos y cámaras empresarias vinculadas a la industria, tanto en Santa Fe como en los distritos vecinos.
La propia situación de General Motors en Argentina refleja parte de ese proceso. La automotriz redujo producción en su complejo de Alvear durante los últimos años y avanzó con planes de retiros voluntarios para disminuir su plantilla. La continuidad del Chevrolet Tracker permitió sostener parcialmente la actividad, aunque con volúmenes menores a los proyectados inicialmente. La salida de Adient agrega incertidumbre sobre la cadena de abastecimiento local y sobre el futuro de otros proveedores vinculados a la terminal, muchos de los cuales tienen presencia o vínculos comerciales con empresas entrerrianas.
Distintos sectores industriales vienen señalando que la combinación de apertura de importaciones, reducción del consumo y encarecimiento financiero deteriora las condiciones para la producción local, particularmente en actividades con alta dependencia de proveedores nacionales. El cierre de la planta de Pueblo Esther también impacta sobre el entramado laboral de la región rosarina, donde la industria automotriz y metalúrgica tiene un peso significativo, y deja en alerta a toda la economía regional que incluye a la provincia de Entre Ríos.







