Argentina Week un evento que no cumplió expectativas
En las últimas horas, quedó al descubierto el verdadero perfil de la denominada “Argentina Week” que el presidente Javier Milei llevó adelante en Nueva York. Se trató de la comitiva oficial más numerosa de sus ya 15 viajes a Estados Unidos, donde el 80% de los participantes fueron argentinos. El mandatario no organizó ni una sola reunión con los 11 gobernadores oficialistas que integraron la misión. Las dos únicas inversiones privadas anunciadas correspondieron a empresas de Marcelo Mindlin y de Mercado Libre, anuncios que podrían haberse difundido perfectamente en Buenos Aires.
En esta escenografía de fortaleza política y apoyo empresarial quedó expuesta, además, la interna a cielo abierto en el mundo libertario, con el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, dando explicaciones sobre por qué subió al avión presidencial a su esposa. El cuadro se completó con el absurdo de Milei convocando al sector privado a invertir en el país mientras calificaba a industriales argentinos de “chorros” y “prebendarios”, apuntando contra Paolo Rocca, dueño de Techint y de la mayor fortuna empresaria del país según el último ranking Forbes, y contra Javier Madanes Quintanilla, dueño de Fate y Aluar.
La burbuja de la ficción libertaria
El experimento liberal-libertario se desarrolla dentro de una inmensa burbuja de ficción: el superávit fiscal es inconsistente; el Banco Central no acumula reservas netas, más bien profundiza la tendencia decreciente; no hay desinflación, sino aceleración inflacionaria; no existe un proceso de modernización de la estructura productiva, por el contrario avanza una veloz desindustrialización; el mercado laboral es cada vez más frágil y fragmentado; y los ingresos de la mayoría de la población se pulverizan mes a mes.
La escena mileísta en Nueva York fue un compendio del momento político y económico del oficialismo. Sobreactuación de liderazgo global, pero escasa densidad material para sostener el relato. Milei viaja, habla, insulta, se presenta como héroe de una cruzada civilizatoria contra el estatismo y la justicia social, pero la economía real no acompaña esa narrativa. También quedó expuesta la soberbia de los ignorantes: su defensa de Adorni basada en el concepto “costo marginal”, según el cual, si había una butaca vacía en el avión o la habitación del jefe de Gabinete tenía una cama matrimonial, y, por lo tanto, no representaba un gasto adicional al Estado, es la demostración de que no entiende de lo que habla o que es un excelente actor de variedades con capacidad de seducir a auditorios inocentes.
Milei insulta a los industriales
La fantasía libertaria supone que el capital privado está esperando apenas una señal ideológica para lanzarse a invertir. Es una visión infantil del funcionamiento del capitalismo. La inversión no responde a discursos, sino a expectativas de rentabilidad, estabilidad macroeconómica, escala de mercado, financiamiento, infraestructura, demanda y previsibilidad política. Ninguna de estas variables luce hoy sólida en la Argentina de Milei.
El mundo empresarial puede celebrar una reforma laboral regresiva o una baja de impuestos, pero si al mismo tiempo observa caída del consumo, cierre de fábricas, desplome del empleo formal, atraso cambiario, fragilidad externa y conflictividad social en aumento, difícilmente decida comprometer capital de largo plazo. Menos aún si el Presidente, en uno de sus habituales descontroles, puede lanzarlos al cadalso.
Después de varios cachetazos, la Unión Industrial Argentina emitió un comunicado crítico en el que mencionó, por primera vez con un sesgo de crítica, a Javier Milei. Pero no para hacerlo responsable del industricidio que vienen consintiendo, sino apenas para expresar su preocupación por los modales presidenciales.
Superávit dibujado y sin reservas disponibles
El publicitado superávit fiscal, núcleo del relato libertario, está construido sobre bases precarias. No surge de una reorganización virtuosa del Estado ni de una mejora de la eficiencia del gasto público. Surge, sobre todo, de la poda de partidas sensibles, del incumplimiento de obligaciones, de la motosierra sobre la inversión pública y de una licuación feroz de los ingresos.
Además, sin acumulación genuina de reservas, cualquier equilibrio es transitorio. El Banco Central sigue sin poder recomponer una posición robusta de reservas netas. Sin ese colchón, la política cambiaria queda a merced de cualquier shock externo o de cualquier cambio de humor financiero.
Milei apostó a una estrategia de atraso cambiario para desacelerar precios, con consecuencias conocidas. Entre ellas, el deterioro del entramado productivo por el ingreso creciente de importaciones. Se trata de una típica estabilización frágil, apoyada en anclas transitorias, como tantas otras experiencias del pasado que terminaron en fracaso.
Qué pasa con la promesa de una inflación en cero
El proceso de desinflación quedó trunco. Hace nueve meses que la tasa de inflación del INDEC no desciende. En lo que va de su mandato, lo que hizo Milei fue reemplazar una dinámica por otra: de una inflación alta con cierta indexación salarial a una inflación todavía elevada, pero con ingresos pisados y consumo en retroceso. Es decir, una desinflación socialmente regresiva, sostenida sobre el sacrificio de la mayoría.
La inflación oficial subestima el deterioro real y, por lo tanto, refuerza el carácter ficticio del relato. Un informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)-DATA titulado “La verdadera inflación de Milei” explica que, ante el interés del gobierno por ocultar la realidad, hicieron el ejercicio de actualizar los ponderadores. De este modo compararon la evolución de la inflación con tres canastas alternativas a la que utiliza el gobierno. El resultado fue el siguiente: mientras la inflación oficial acumulada por el INDEC durante el gobierno de Milei fue de 280,5 por ciento, la que surge de actualizar la metodología habría ascendido a 302,5%. El estudio también subraya que la inflación golpea relativamente más a los sectores de menores ingresos.
Modelo de concentración y disciplinamiento social
La licuación del salario real y de las jubilaciones reduce el consumo y desordena la vida cotidiana. En este marco, la promesa libertaria de prosperidad individual se revela como una coartada ideológica para legitimar un modelo de concentración del ingreso y disciplinamiento social.
La agresión de Milei contra los industriales Rocca y Madanes Quintanilla y la industria nacional en general no fue sólo un desborde. Fue la explicitación de un proyecto de país. El Presidente busca construir un orden dentro del poder económico, premiando a sectores financieros, energéticos y de servicios globalizados, mientras desprecia a la industria que reclama mercado interno, crédito y protección. Es una disputa al interior del establishment, no una pelea contra el establishment.
Por eso la “Argentina Week” terminó mostrando más de lo que pretendía ocultar. No mostró una lluvia de inversiones, sino una búsqueda desesperada de validación externa. No reveló cohesión oficialista, sino internas, improvisación y un liderazgo que necesita viajar, insultar y exagerar para sostener una centralidad que la economía empieza a erosionar. El problema para Milei es que el mercado puede tolerar un tiempo el show, pero no indefinidamente la inconsistencia.







